Skip to content

Desire

Desire is not a synonym for sex and it is not a synonym for wanting. It is the body's motivated lean toward intimacy, beauty, or more contact — the architecture of being-pulled. Vela holds the erotic register at the center but does not collapse the social, the cognitive, and the devotional registers into it: the corpus reads desire across all four, and the texture is in the difference.

Working definition · Motivated pull toward intimacy, beauty, or more contact—not mere preference.

6874 passages · 2 Vela essays

Vela’s read on this emotion

Desire is one of the emotions Vela reads most carefully, because the English word covers too much ground to leave undifferentiated. Four registers run inside it.

The erotic register is the most familiar. Vela reads it through Carmen Maria Machado, Garth Greenwell, Sappho's surviving fragments, and Audre Lorde's essay *Uses of the Erotic* — writers who treat erotic desire as serious subject matter rather than ornament. The social register — the desire to belong, to be seen correctly, to matter to a community — runs through memoir and through the literature of exile. The cognitive register — desire for the right word, for understanding, for mastery — surfaces in Plato's *Symposium* and in Augustine of Hippo's *Confessions*, where desire is examined as a form of motion of the soul. The devotional register — desire for God, or for the absolute — runs through the *Song of Songs*, Teresa of Ávila, John of the Cross, and the broader mystical tradition.

Desire is not the same as yearning, longing, or love. Yearning is desire facing what it may not reach. Longing is yearning settled into chronicity. Love is the sustained orientation that survives desire's exhaustion. The four words are kin; Vela reads them separately because the writers who have been most honest about each have kept them separate.

*On Desire* — the slower companion essay in the magazine — walks the four registers and makes the case for not collapsing them.

Study and magazine

Long-form guide in the magazine

*On Desire* — the four-register reading. Desire as architecture, not virtue: how the word holds erotic, social, cognitive, and devotional registers at once, and what the writers keep saying when the four are not collapsed.

Read the guide

Passages

Every passage tagged with this emotion in the Vela corpus. Search the body text, narrow by source or register, click through to a book’s profile to see how the passage sits with the rest of the work.

Page 268 of 344 · 20 per page

6874 tagged passages

  • From Birthday Girl (2018)

    Mi polla se hincha inmediatamente, y siento que se endurece solo con el sonido de su nombre. Ella me devolvió el beso la noche anterior. También se siente atraída por mí. ¿Fantasea conmigo? Me endurezco aún más al pensar en ella en la cama, pensando en mí. Deseándome. Empuño mi polla porque me duele mucho, pero la acaricio sin querer, y gimo por lo bien que se siente. Ella llena mi cabeza, y juro que puedo olerla. Está tan cerca. Me acaricio, cediendo a la fantasía. Estoy en la cama, y la habitación está completamente oscura. Suena un golpe en mi puerta, y me muevo, sentándome. —¿Sí? —digo, doblando una pierna sobre la rodilla y descansando un brazo sobre ella. Jordan empuja la puerta y solo puedo decir que es ella por su cabello dorado. —¿Pasa algo malo? —le digo suavemente. Estoy desnudo debajo de la sábana, pero ella no puede ver nada. —Hay una tormenta eléctrica —dice, deteniéndose en el marco de la puerta— . ¿Puedo dormir contigo? Un relámpago atraviesa las ventanas, iluminando su cuerpo, y vislumbro sus piernas desnudas y su dulce rostro. El agua continúa vertiéndose sobre mí, y mi polla en mi mano se alarga. La realidad se escapa mientras caigo en picada, persiguiendo lo único que podré tener de ella. Lo que sea que esté en mis sueños. —Ven aquí —le susurro. Se apresura hacia el lado de la cama, y abro las sábanas para ella. Deslizándose, se acurruca cerca de mí, y coloco mi brazo a su alrededor, sintiendo su pierna acercarse a la mía. Mis manos vagan, y todo lo que siento son sus muslos y estómago desnudos. Está escasamente vestida. —Jordan… —Jadeo. Dios, su piel es tan suave, y se siente tan bien. —Tengo frío —dice, su aliento acaricia mi mandíbula—. ¿Está bien? Mi muslo se posiciona entre sus piernas, y puedo sentir el calor saliendo de ella. La acerco más. —Ven acá. Le froto los muslos y las caderas, le cubro la espalda y mantengo su nariz enterrada en mi cuello. Cada centímetro de ella es como una corriente eléctrica para mi polla. Me acaricio más despacio, pero lo mantengo apretado, mientras la imagino. —¿Así está mejor? —le pregunto. Asiente con sus labios a centímetros de los míos. —Tu boca es incluso más cálida —me dice, sintiendo mi aliento sobre ella—. Es la parte más cálida de ti. Lucho para esconder mi sonrisa ¿Quién soy yo para no darle a mi chica lo que necesita?

  • From Birthday Girl (2018)

    Dejo caer mi cabeza en su hombro, temblando de risa. Cualquier cosa que quieras, nena. Muevo mi cuello bajo el agua caliente, cada músculo de mi cuerpo está tenso y adolorido. Realmente no hago ejercicio, pero casi nunca me siento cansado, así que pensé que estaba en buena forma. Sin embargo, ella lanzó esa idea de mierda anoche. No puedo dejar de disfrutar de la fantasía de tenerla aquí todos los días, tantas veces al día como quiera, solo por el bien de mi salud muscular, por supuesto. Pero sé que no puedo. Lo hicimos nuevamente anoche y luego se estrelló, y por mucho que la desee aún más esta mañana, ahora que sé lo que me he perdido, no podemos permitir que esto se vuelva normal. Ya será bastante doloroso cuando termine. Cierro el agua y salgo de la ducha, sacando la toalla del gancho y secándome el cabello. El baño está oscuro, porque quería engañarme a mí mismo de que la noche aún no había terminado, pero son solo las cinco de la mañana y tengo que estar en el trabajo en una hora. Cuando la vuelva a ver, estará a la luz del día, y tendré que enfrentar que hice algo tan jodidamente horrible anoche. Termino de secarme y envuelvo la toalla alrededor de mi cintura antes de caminar hacia el lavamanos y cepillarme los dientes. Y tratando de no pensar en la mujer sexy y joven que aún está dormida en mi cama en la otra habitación. Quiero decir, ¿qué tan mal está lo que estamos haciendo? Ella es soltera, estoy soltero. Ambos somos adultos. Sí, está la diferencia de edad, pero no es algo inaudito. Y ella me gustaba mucho antes de saber quién era. Nadie más fue un factor en eso. No estamos tratando de lastimar a nadie. Caminando hacia el dormitorio, la miro en la cama. Dormida sobre su estómago, abrazando una de mis almohadas bajo su cabeza, y su cabello extendido detrás de ella. Está usando una de mis camisetas, y aunque me encanta desnuda, no me puedo quejar. Me encanta en mi ropa, también. Caminando hacia su lado de la cama, tomo mi reloj de la mesita de noche —el que no se cayó al otro lado— y lo deslizo en mi muñeca mientras la miro fijamente. Nos conocemos hace menos de un mes, pero siento que siempre ha estado allí. Como hubiera estado guardando ese lado de la cama solo para ella. No sé si la amo, pero nunca he deseado tanto a nada ni a nadie. Su pie se asoma desde la sábana, y sonrío ante sus dedos con color rosado. Tan Jordan. Gime y gira la cabeza, levanto mis ojos, viéndola voltearse mientras duerme, apoyando la mano en la almohada junto a su rostro. La sábana está abajo de su cintura, y la camisa se ha subido, mostrando una parte de su estómago, y dejo que el instinto tome el control. Todavía está oscuro afuera.

  • From Birthday Girl (2018)

    Entrecierro un poco los ojos, y luego noto que mi número de béisbol está desteñido y verde por detrás de su cabello. Sabía que reconocía esos agujeros. Miro hacia otro lado. Debo haberla dejado sobre los muebles el otro día, y la recogió, pensando que tal vez era de Cole. También le gustaba el béisbol, supongo. ¿Y le cortó los lados? De alguna manera quiero enojarme por eso. He tenido esa camiseta desde la secundaria, pero… De todos modos, estaba demasiado vieja para usarla en público. Y se ve mejor en ella que en mí. La miro de nuevo, viendo la camiseta que cubre su suave piel bronceada por el sol, y una sutil oleada de placer se arrastra por el hecho que lleva algo mío sobre ella. Me muevo en mi silla, parpadeando ante mis cartas para disipar las luces en mi visión. —¿Necesitas una mano? —le ofrece Eddie. Dirigiendo mi mirada hacia Jordan, la veo inclinarse hacia el congelador y frunzo el ceño. Pero Todd comenta, un humor astuto llenando su tono. —Oh, déjala en paz. Lo está haciendo muy bien sola. Los chicos se ríen entre dientes, inconfundiblemente disfrutando de la vista, y Jordan se endereza de nuevo, levantando la caja de Otter Pops en el hueco de su brazo. Arquea una ceja hacia Todd mientras deja que la tapa se cierre de golpe. Me preparo para su boca sabihonda, pero en lugar de eso, se dirige hacia la mesa y mira por encima de su hombro y hacia su juego. —Oh, mira eso —dice, sus ojos se iluminan y su voz vibra—. Tienes todos los reyes en el mazo. Qué suerte, ¿no? Dutch resopla, y no puedo evitar temblar de la risa mientras todos se unen a la diversión. Todos menos Todd, que arroja sus cartas, renunciando a su mano ahora. Compone una sonrisa satisfecha en su rostro y sube las escaleras de nuevo. Estoy medio tentado a decirle que se asegure que nadie coma esas paletas en la piscina, pero estoy tratando de no tratarla a ella y a Cole como si fueran niños. —Oh, oye, ¿puedo hacerte una pregunta? —dice, deteniéndose a mitad de camino por las escaleras. La miro a los ojos. —Hay un pequeño pastel en el refrigerador —continúa—: Cole está rogando por comérselo, pero no lo compré y no estaba segura de dónde vino. Solo quería consultarte antes que se lo coma. Mierda. Mantengo el rostro serio a pesar de mi irritación. Puedo sentir los ojos de los chicos sobre mí. —Oh, eh, es un… —murmuro, sacudiendo la cabeza y fingiendo estudiar mis cartas de nuevo—. Yo, eh… lo compré para ustedes… hoy, en la tienda… para ustedes dos. No dice nada, y después de un momento de silencio completamente incómodo, miro hacia arriba. Ladea la cabeza, luciendo confundida. Le tiro tres cartas a Dutch para que me pase tres más, aunque no estoy seguro de cuáles son las tres que acabo de descartar. Todavía me está mirando. Puedo sentirlo.

  • From Birthday Girl (2018)

    —Bueno, van a dar Poltergeist en unas pocas semanas —dice detrás de mí, levantándose y llevándose la basura consigo—. Si te veo, me aseguraré de sentarme en un terreno más alto. Me río en voz baja, pensando en el vino. Ambos salimos de la fila y caminamos hacia las puertas, y noto que Jay y su cita ya no están en sus asientos. Deben haberse ido ya, pero, a decir verdad, olvidé que estaban aquí hace mucho tiempo. Poltergeist. ¿Eso significa que él estará aquí entonces? ¿Es esta su manera de avisarme despreocupadamente en caso de que también quiera venir? Pero no, sabe que tengo novio. Sin embargo, no puedo dejar de pensar que, si por alguna razón Cole y yo no pasamos otro mes, ¿vendría al cine entonces, sabiendo que él estaría aquí? Parpadeo larga y duramente, sintiéndome culpable mientras camino por el pasillo. Probablemente estaría aquí. No hay muchos “partidos” en esta ciudad, y me divertí esta noche. Este tipo es interesante. Y apuesto. Y con trabajo. Debería juntarlo con mi hermana mayor. Cómo ha pasado desapercibido bajo su radar todo este tiempo es un misterio para mí. Empujamos la puerta, los últimos salen del teatro y nos detenemos en el vestíbulo, tirando toda nuestra basura. Lo miro y mi corazón se salta un latido al verlo a la luz más brillante y parado frente a mí. Ojos avellana. Definitivamente avellana. Pero más verde en el exterior del iris. Su cabello está peinado con poco producto y es lo suficientemente largo como para pasarle los dedos, dejo caer la mirada a su cuello liso y bronceado. Sin embargo, no puedo ver si hay una línea de bronceado bajo el cuello de su camiseta. ¿Es así en todas partes? Una imagen espontánea de él martilleando y arrastrando madera sin una camisa destella en mi mente y yo… Cierro los ojos otra vez, sacudiendo la cabeza. Sí, vaya, está bien. —Mmm, será mejor que me vaya —menciono, agarrando la correa de mi bolso—. Espero que mi novio me esté esperando en el bar para recogerme ahora. —¿Bar? —¿Grounders? —respondo, pensando que probablemente debería conocer el lugar. Es uno de los únicos tres bares en la ciudad, aunque muchos favorecen a Poor Red's o al club de striptease por sobre el bar en que trabajo—. Salí un poco temprano esta noche, inesperadamente, pero es quien me recoge, y no pude ponerme en contacto con él. Aunque debería estar allí ahora. Empuja la puerta para abrirla, sosteniéndola para mí cuando salgo del teatro, y me sigue. —Bueno, espero que hayas tenido un buen cumpleaños, a pesar de tener que trabajar —dice. Me muevo hacia la derecha hacia donde está Grounders, y él se desvía hacia la izquierda. —Y gracias por hacerme compañía —le digo—. Espero no haber arruinado la película para ti. Me mira por un momento, su respiración se vuelve más pesada cuando una mirada desgarrada cruza su rostro. Finalmente, sacude la cabeza, apartando la mirada. —No, en absoluto —asegura.

  • From The Surrender: An Erotic Memoir (2004)

    I had given my vaginal virginity to the first man who paid me any consistent sexual attention. I would have married him as only a virgin would: with adoration and ignorance. Eight penises later, I married one. Ten years later, when I departed that union, I was horny as hell, like never before—a bunny on a hot tin roof—but intercourse was not what I wanted. I needed love, admiration, and pussy worship. This insatiable desire ruled my life. But then A-Man came along and shook my overanalyzed ego off its self-important pedestal. I was an anal virgin. He showed me, physically, where my rage resided. Anger thrives in your ass. A Dickensian alley, the ass. Despite its tiny, ignored entry, once opened, it contains literally yard upon yard of coiled past traumas, the internal gripping of the emotionally unbearable. A-Man penetrated the site of my anger and cauterized my wound . I was now being given a second chance—not on the well-trodden vaginal trail, but in a place entirely new to my consciousness—and it quickly became the site of my consciousness. Truly virgin, once again. With the discovery of this new world, I experienced all the wonder and beauty that a deflowering might be but rarely is. And so it began, in naive complicity, once a week, twice a week, three times a week. Mostly late afternoons. He was an expert and I was willing. I began to count. It just seemed like the right thing to do. A-MAN You just don’t know when he’s going to show up. The one who is going to change everything forever, the one who’s going to rock your world. He might even be someone you already know. The Young Man had been gone for two years. In the meantime, I had acquired the Boyfriend, while the redhead Pre-Raphaelite had acquired a tall, skinny, rocker musician who wore more makeup than she did: they painted each other’s nails and were mad in monogamous love. So when the Young Man called, I knew it would have to be a two-way; the safety of a three-way sandwich was no longer an option. I was petrified. My male dilemma was personified in these two men before me: the Boyfriend was dependable in life but not in sex, while the Young Man was dependable in sex but not in life. Can’t a woman win? My experiments so far said no. The Boyfriend was too safe, too arrogant, too possessive. But the Young Man was too dangerous, too sexy, too young, too not here. But I had Rule #3 at my disposal, so at least he was legal, technically. In fact, the decision to see the Young Man the very afternoon he called was surprisingly easy. Earlier that day, the Boyfriend had juiced up my anger to the point of murderous rage by pontificating about “our” relationship—he was in “our” relationship alone, as far as I was concerned.

  • From Birthday Girl (2018)

    Curva sus labios en una pequeña sonrisa. Agito la perilla de la puerta otra vez. —Jordan, abre la puerta. Solo chasquea. —Me gustaría, nene, pero... —suspira—. El baile terminó, y no puedes tocar a las chicas. —Luego me guiña un ojo—. Buenas noches, cariño. La luz en la pantalla desaparece cuando finaliza la llamada, y todo el pasillo se apaga de repente. Me quedo allí, tratando de descubrir si realmente está haciendo lo que creo que está haciendo, cuando la luz debajo de la puerta también desaparece, y me doy cuenta que ha apagado las luces. ¿Se va a la cama? Tiro de la puerta. —Jordan —gruño—. ¿Qué diablos? Escucho un cajón abrirse y cerrarse de golpe y luego la cama cruje bajo su peso. Después de unos momentos, no hay sonidos, y mis peores temores se han hecho realidad. Tengo una erección furiosa. ¿Qué haría ella si rompiera la puerta ahora mismo? ¡Mierda! Dejo que mi frente caiga en la puerta, y estoy a punto de tirar mi tarjeta de hombre y llorar. —Cuando te atrape, no será bonito —le advierto—. Es una promesa. Lo vas a pagar. Mi teléfono emite un pitido y miro hacia abajo, deslizando la pantalla. Vete a la cama, dice el texto. Se me revuelve el estómago, y estoy a medio camino entre bajar y colocar la música tan fuerte que no pueda dormir mientras disminuyo la presión haciendo vueltas en la piscina o provocar otra pelea para sacarla de la cama otra vez. Es tarde, sin embargo, y si ejercito ahora estaré despierto durante horas. Tengo mi mano e Internet, ¿no? Aunque no necesito porno cuando solo su recuerdo, de hace un momento, no se ha ido lo suficiente como para dejarme ablandar todavía. Bajando a mi habitación, cierro la puerta tras de mí y choco contra la cama, frotándome la ingle dolorida. Otro texto suena. Y no te masturbes, dice. Aprieto los dientes y lanzo el teléfono a un lado, escuchándolo golpear el tocador y caer al suelo. Mejor me despierto y la encuentro en mi polla por la mañana o nadie estará a salvo mañana. No tardé mucho en conciliar el sueño la noche anterior a como pensé que sería. Momentos después de enviar mi último mensaje de texto, escuché que algo golpeó una pared en la habitación de Pike, y me sentí un poco mal pero también sonreí, sintiéndome un poco poderosa. Jugar con él no era mi objetivo, aunque me encanta que seamos buenos para meternos debajo de la piel del otro. Simplemente quería mostrarle que soy capaz de más de lo que él cree, y no aprecio que la gente me diga lo que tengo en mi cabeza.

  • From Birthday Girl (2018)

    Y exhalo, aliviado de que no esté teniendo dudas. Acaricio mi polla y vuelvo sobre ella de nuevo. —Levanta tu camiseta, Jordan —le susurro—. Quiero ver tus tetas cuando te folle. Su aliento tiembla y una sonrisa emocionada juega en sus labios, pero levanta su camiseta para mí, y me zambullo rápidamente y agarro un pezón entre mis dientes otra vez. Jadea y abre sus piernas, y la punta de mi polla encuentra el calor húmedo de su coño apretado como un jodido imán. Subo, apoyándome en un brazo, e inclinándome, mordisqueando sus labios. —Trata de no hacer mucho ruido, ¿de acuerdo? —susurro, burlándome de ella—. ¿No podemos dejar que Cramer descubra lo que le estoy haciendo a su niñera? Se ríe y me devuelve el beso. —Sí, señor Lawson. Estirando la mano, sostengo su mirada mientras coloco mi punta en su entrada, y luego la agarro de la cadera y me empujo dentro de ella, abrumado inmediatamente por la sensación de nuestros cuerpos temblando. Arquea el cuello hacia atrás y cierra los ojos, gimiendo, y sus pechos rebotan con el movimiento. —Oh, mierda, mierda... —lloriquea—. Pike… —Lo sé, cariño. — Te sientes tan bien. Empujo de nuevo y agarra mi cintura para aferrarse mientras lentamente tomo el ritmo, hundiéndome más profundo en su interior e hipnotizado por su cuerpo debajo de mí. Bajo, chupando su pecho mientras gime y gime. Subiendo otra vez, beso su boca y hace esa cosa donde lame mi lengua, y estoy en espiral. —Jordan, maldición. —Exhalo, empujando más rápido y más fuerte hasta que lo único que escucho es nuestros cuerpos uniéndose. Sus gemidos llenan la habitación, cada vez más fuerte y la beso, amortiguando el ruido mientras se corre de nuevo, apretándose alrededor de mi polla mientras alcanza el orgasmo. Miro hacia arriba y nos veo en el espejo del tocador, excitado al ver sus piernas a mi alrededor. Ella sigue mi mirada, travesura parpadeando en sus ojos. Se inclina y me susurra al oído: —Quiero ver. Envuelvo mi brazo alrededor de su cintura y nos giro, así que está arriba. Su camiseta vuelve a caer sobre sus pechos, y su cabello cae a su alrededor en hermoso desorden. Agarro sus caderas solo para poder sentir su cuerpo moverse mientras ella me lleva. Me mira a los ojos, girando sus caderas, su estómago ondeando, y su culo sobresaliendo y entrando mientras me monta. Luego mira hacia arriba, una curva instantánea en sus labios, diciéndome que le gusta lo que ve en el espejo. —Estás tan apretada —gimo. Pone sus manos sobre mi pecho y aprieta, mostrando sus dientes y respirando con dificultad mientras me folla más rápido. —Sí —dice, cerrando sus ojos—. Sí, Dios, por favor... Agarro su culo y me arqueo, tomando un pezón en mi boca otra vez, chupo y tiro y luego me muevo al siguiente en un frenesí. Se inclina hacia mí, sin desacelerar el paso, y puedo sentir el sudor deslizándose por su espalda.

  • From Birthday Girl (2018)

    Abriendo mis ojos, caen inmediatamente en su gel de ducha frente a mí colocado en la repisa de la regadera. Cole normalmente utiliza Axe, pero todavía no ha sacado sus cosas de la otra regadera, probablemente simplemente está utilizando el Irish Spring de su papá. Lanzo una mirada rápida hacia el cristal, asegurándome que estoy sola y tomo la botella del estante y abro la tapa. Quedan pocas burbujas alrededor de la abertura por las duchas de los chicos de esta mañana y cierro los ojos, llevando el gel de ducha de Pike a mi nariz. La fuerte fragancia llena mi cabeza y un hormigueo se extienden por mi piel. Es un jabón barato, pero no es de adorno, hace el trabajo y me recuerda a jeans, madera y el vello más corto de una barba incipiente en la mandíbula de un hombre. Es él. Mi garganta se hincha como si tomara un trago de agua y paso saliva, sintiéndome decepcionada porque no haya nada ahí. Lamo mis labios, respirando con dificultad. Suspendo a la realidad en alguna parte del fondo de mi mente y ausentemente dejo caer una gota del jabón en mi mano. Llevando mi mano a mi nariz, inhalo de nuevo, mi respiración entrecortándose, mis ojos cerrándose y mi clítoris pulsando inmediatamente. ¿Debería ir detrás de ella? Recuerdo su sonrisa extraña y engreída que me excitó anoche. No quería que fuera detrás de nadie, pero Dios, estoy desesperada por ver cómo se vería eso. ¿Cómo es con una chica? ¿Crees que no puedo manejarla? He tenido bastante experiencia. La mano con jabón cae por mi cuello, se desliza por mis clavículas y baja por mi pecho y pasa por encima de mi pezón. ¿Manejarla? —No a ella —mascullo para mí. Mis dedos se deslizan por mi estómago mientras me inclino de nuevo contra la pared y deslizo mi mano entre mis piernas, mordiendo mi labio y estremeciéndome ante el toque. Comienzo a frotarme lentamente, haciendo pequeños círculos en mi clítoris endurecido con mis dedos. —No —susurro, abriendo mis ojos—. Detente, detente, detente... Obligo a Cole a entrar en mi mente. Sus manos sobre mi cuerpo. Sus labios en mi oreja. La forma en que hunde su cabeza en mi cuello, así nunca puedo ver sus ojos. Oh, nena. Mierda, nena, mierda. Te sientes bien. Tan bien. Sus manos toman mi trasero y froto la protuberancia con más fuerza. Más rápido. Persiguiendo el impulso que acabo de tener. El orgasmo se burla de mí en la parte baja de mi vientre y quiere salir con tanta fuerza. —Cole —digo, cerrando mis ojos de nuevo—. Más fuerte. Me giro, mi frente hacia la pared y me presiono contra ella con mi mano todavía enterrada entre mis piernas. Está detrás de mí, exigiendo entrar. Quiere follar. Deslizo un dedo dentro y comienzo a moverlo. Apoyo mi mejilla contra la pared, intentando ir rápido, así no puedo pensar. Tal vez si es simplemente follar, pueda correrme.

  • From The Surrender: An Erotic Memoir (2004)

    A year later. A petite, Pre-Raphaelite redheaded dancer kept flirting with me at the gym where I exercised. She could tell I was a dancer, too: lean, hard-bodied, physically intense. I had never been with a woman, though I had thought about it plenty. The reality seemed far, far away. It wasn’t quite as far as I had thought. She had been trying, she told me, to get this Young Man, who also worked out at the gym occasionally, to have sex with her, but had yet to succeed. She was recently out of a seven-year live-in disappointment. Heroin, lies, other women. Her mental masochism, like mine, needed a rest. One day, I was at the gym in a corner stretching on a mat when I saw the Young Man nearby, resting between exercises. I had hardly ever noticed him before. He was self-effacing, quiet, and ventured carefully. Sitting, stretching over my toes, I asked him for a push on my back. It was not a sexual overture; I wanted a push. I got one. His hands touched the middle of my back, moved up and down, pressing my tightness, and I released—even moaned a little. We said nothing. Just his firm fingers pushing deeply, consciously, up and down my back. Time stood still until he took his hands away and I lifted my head, flushed and clear-eyed, as if I’d just come. We looked at each other, said nothing, stood, went through a fire-exit door into an empty hallway, and slowly pressed into each other, my back to the wall. No words: just eyes and an electric current with European voltage. So much power in one man’s hands. It must, physically, be some kind of vibrational force, a quixotic dance of a million molecules. His touch was very strong, very unafraid, and yet so tender. And humble. My belly started contracting involuntarily, and he started trembling through his strength. Yielding, we slid down the wall, stunned. I had never before felt such immediate impact from a man’s touch, much less from a stranger. I didn’t even know his last name. It was New Year’s Eve that day. The redhead suggested to us both that we spend the midnight hour at her house. Still feeling the effects of his electric field, I agreed. I had no other plans. Neither did he. Would it be him? Her? Both? I didn’t know, but I was so willing to find out. And thus fate had her three ways with us.

  • From History of the Christian Church: The Complete Set of Eight Volumes (1858)

    I. Life And Character. Origenes,1461 surnamed "Adamantius" on account of his industry and purity of character1462 is one of the most remarkable men in history for genius and learning, for the influence he exerted on his age, and for the controversies and discussions to which his opinions gave rise. He was born of Christian parents at Alexandria, in the year 185, and probably baptized in childhood, according to Egyptian custom which be traced to apostolic origin.1463 Under the direction of his father, Leonides,1464 who was probably a rhetorician, and of the celebrated Clement at the catechetical school, he received a pious and learned education. While yet a boy, be knew whole sections of the Bible by memory, and not rarely perplexed his father with questions on the deeper sense of Scripture. The father reproved his curiosity, but thanked God for such a son, and often, as he slept, reverentially kissed his breast as a temple of the Holy Spirit. Under the persecution of Septimius Severus in 202, he wrote to his father in prison, beseeching him not to deny Christ for the sake of his family, and strongly desired to give himself up to the heathen authorities, but was prevented by his mother, who hid his clothes. Leonides died a martyr, and, as his property was confiscated, he left a helpless widow with seven children. Origen was for a time assisted by a wealthy matron, and then supported himself by giving instruction in the Greek language and literature, and by copying manuscripts. In the year 203, though then only eighteen years of age, he was nominated by the bishop Demetrius, afterwards his opponent, president of the catechetical school of Alexandria, left vacant by the flight of Clement. To fill this important office, he made himself acquainted with the various heresies, especially the Gnostic, and with the Grecian philosophy; he was not even ashamed to study under the heathen Ammonius Saccas, the celebrated founder of Neo-Platonism. He learned also the Hebrew language, and made journeys to Rome (211), Arabia, Palestine (215), and Greece. In Rome he became slightly acquainted with Hippolytus, the author of the Philosophumena, who was next to himself the most learned man of his age. Döllinger thinks it all but certain that he sided with Hippolytus in his controversy with Zephyrinus and Callistus, for he shared (at least in his earlier period) his rigoristic principles of discipline, had a dislike for the proud and overbearing bishops in large cities, and held a subordinatian view of the Trinity, but he was far superior to his older contemporary in genius, depth, and penetrating insight.1465

  • From Birthday Girl (2018)

    Pero lo disfruté también. La necesidad de llevarla a mi cama y saborear cada segundo y cada centímetro de ella fueron como mirar hacia el cielo la noche anterior. Lo deseaba. No podía esperar. Y no me habría detenido. Me dolían los músculos al solo pensar en lo que iba a hacerle pasar a mi cuerpo para disfrutar cada momento con ella. Pero incluso sin Cole, todavía tiene la mitad de mi edad. Nada sobre esto es correcto. —Eres una chica hermosa, Jordan —digo casi en un susurro—, pero eres solo una niña. Se detiene en el refrigerador a mi lado, y la veo aclarar su garganta. Es tan linda. Con su cabello limpio y sedoso, con maquillaje sutil con solo un toque de rosa en los labios... —No estaba pensando en ese momento —le explico—. Ambos estamos solos, y me ha encantado tanto tenerte aquí que los límites se desdibujaron. No volverá a suceder. Asiente, y su mirada cae. Desearía saber lo que estaba pensando. No es como si ella fuera muy callada. ¿Me odia? —Está bien —dice suavemente. Pero sacudo la cabeza. —No lo está. No espero eso de ti. Quiero que lo sepas. Dios sabe que tiene suficiente de esa mierda en el trabajo. Tomando su manzana y una botella de agua, se da la vuelta y camina hacia la mesa, levantando su bolso. No puede asistir a clase tan temprano, pero no voy a cuestionarla como si fuera asunto mío. Ya le he hecho suficiente por las últimas veinticuatro horas. Observo mientras sale de la cocina y entra en el vestíbulo, tomando las llaves del gancho. Cuando llega a la puerta, se detiene. —Mis manos también estaban sobre ti —dice ella. Y luego abre la puerta y sale, cerrándola suavemente tras de sí. Miro fijamente el espacio vacío haciéndome desearla de repente. —No digas cosas como esas —le murmuro a una casa vacía. Si sé que también lo deseas, ¿cómo seré capaz de resistirte? —¿Estás seguro que no quieres venir? —pregunta Dutch. Sacudo la cabeza, lanzando mis herramientas a la camioneta. —Nada suena peor en este momento que un bar lleno de personas y palos de queso de mozzarella pre-congelados —le digo—. Tengo una cita con restos de calzones en el refrigerador. Todd pasa por mi lado, sonriendo. —Apuesto que los calzones saben incluso mejor con cierta rubia descalza que también los prepara. Mi cuello se calienta ante la broma. No creo que nadie sepa que Cole ya no se está quedando en la casa en este momento, pero las interacciones entre Jordan y yo no han pasado desapercibidas. La noche de póker, el desfile de ropa interior, ella trayéndome la cena… Estoy seguro que los chicos están sacando sus propias conclusiones. Y, de hecho, los calzones los compré para llevar hace un par de días, pero sí, Jordan no trabaja esta noche y estoy ansioso por ver como está. Y, con suerte, volver a la normalidad con ella.

  • From Birthday Girl (2018)

    —No puedo detenerme —gime—. Por favor, no hagas que me detenga. Sus tetas sobresalen sobre mí y sus caderas se mueven, y es la maldita cosa más sexy que he visto en mi vida. Maldición, sí. —Bien. —Finalmente gruño y caigo de nuevo sobre la cama, todavía agarrando sus caderas mientras la cresta de mi polla se frota contra ella—. Dale a tu coño lo que desea. Chilla y cierra los ojos dejando caer sus manos sobre mis rodillas y tomando lo que quiere de mí. Aprieto mi polla como si mi vida dependiera de ello, siento sus caderas que sobresalen en mis manos, y me corro, tirando más y más fuerte a medida que me derramo. —Oh, maldición. ¡Maldición! —grito—. ¡Mierda! Oh, Dios mío. Dejo caer mi cabeza hacia la pared de la ducha, el semen se derrama y desacelero mi mano, con los músculos ardiendo mientras dejo salir el resto. Veo manchas detrás de mis ojos, pero aún puedo oler su sudor, y no quiero que se acabe. Quiero más. —Maldición —digo, lamiendo mis labios y forzándome a tragar saliva—. Mierda. Quiero más. No puedo recordar la última vez que me corrí de esa forma, pero aun así... no fue suficiente. Alejo mi mano de mi polla y cierro mis manos en puños, molesto. Se suponía que eso ayudaría, maldición. Se suponía que eso la sacaría de mi sistema. Siento que mi polla comienza a calentarse de nuevo, y me alejo de la pared, gruñendo. Golpeo el grifo con fuerza, apago el agua caliente y me enjuago. Solo necesito follar una cosa real. No a ella. Solo a alguien más. Me encerraré en una habitación de motel con una caja de condones y la sacaré de mi sistema. Sí. Eso es lo que haré. Esta semana. Lo lograré. Me estiro hacia el estante y coloco la mano en mi gancho, tomando lo que necesito para terminar de bañarme, pero no hay nada allí. No ha estado por días, de hecho, y frunzo el ceño, mirando a mi alrededor. —¿Dónde demonios está mi esponja? —Hiciste la salsa de tacos, ¿verdad? Asiento, navegando en mi Instagram desde el asiento del pasajero. —Sí. —¿Y los rollitos de jalapeño envueltos en tocino? —pregunta Pike. —Sí —refunfuño—. Acabas de preguntarme hace como diez minutos. Se calla por un momento, conduciendo a través de un vecindario no muy lejos del nuestro. Quiero decir, el suyo. Nuestro. —Solo es que me gustan, es todo —dice. Una sonrisa perezosa tira de mis labios, y siento un toque de orgullo. Me encanta que no sea solo amable con algunas cosas. Que en realidad le guste mucho que yo contribuya. Tanto si es una comida o un aperitivo que le dejo listo sobre la encimera para después del trabajo o el nuevo camino de piedra que hice para el jardín ayer, el que le encantó.

  • From Birthday Girl (2018)

    Retrocedo rodeándolo hasta volver a estar frente a él, observando mis dedos mientras acarician su musculoso brazo. —Algún día —susurro en respuesta. Realmente quiero saber. Quiero saber todo de él. Pero quizás, me imagino, seguiremos teniendo una razón para encontrarnos el uno al otro si guardamos algunas cosas para más tarde. Y en este momento, estoy desesperada por ver qué más puede hacer su boca, aparte de hablar. Tócame. Por favor. Bésame. Dejo caer la manguera a mi costado y arrastro los dedos de mi mano izquierda por sus abdominales. Se tensan cuando mis uñas se deslizan a lo largo de los músculos y estoy tan asustada de mirarlo. Mi corazón late tan fuerte que duele. Esto está mal. Sé que está mal. Pero Dios, se siente tan bien. Puedo sentir sus ojos sobre mí y cada fibra de mi sostén está irritando mi piel y solo quiero estar desnuda ahora mismo. Quiero que me vea. Cierro mis ojos. Oh, Dios. —Jordan... —Sujeta mi mano y puedo escucharlo respirando fuertemente. Asiento, abriendo mis ojos, pero todavía incapaz de encontrar los suyos. —Lo sé —exhalo—. Lo lamento. Estoy sedienta, mis ojos arden por las lágrimas contenidas y no sé por qué, y hay una necesidad entre mis muslos que es casi dolorosa. Lentamente, levanta mi mentón. Finalmente levanto mi mirada, pero tampoco me está mirando. Sus ojos están bajos y su ceño está contraído con dolor. —Solo estás decaída —dice en voz baja—. Extrañas a Cole y sucede que estoy aquí. Está bien. Me quedo allí inmóvil, mis dedos todavía en su estómago y su mano aún en mi barbilla. Su pecho se mueve arriba y abajo y por un momento, pienso que voy a darme la vuelta y correr. Está inventando excusas para mí. Una fácil detrás de la cual esconderse. Tendría sentido que me sintiera perdida y necesitara a alguien más para refugiarme. Pero, cuál es su excusa. Sé que me mira. Sé que lo hace cuando piensa que no lo veo, pero lo hago. Mis ojos arden, llenándose con lágrimas. —Eso no era por lo que me estaba disculpando —le digo. Levanto mis ojos, encontrándome con los suyos y aunque estoy asustada, tengo que saltar. No puedo contenerme. —Lo lamento, porque —susurro de forma temblorosa—, esta es no es la primera vez que quise que me tocaras. Y su mirada se congela en mí. Sostiene mi mirada, sin moverse a excepción del subir y bajar de su pecho y no tengo idea de qué estará pasando por su cabeza en este momento, pero no creo lamentarlo. No más excusas sobre que esto es sobre mí porque estoy desconsolada por causa de Cole. La atracción ya estaba allí. Lentamente deja que sus dedos caigan de mi barbilla, cierra sus manos en puños y aprieta su mandíbula, luciendo repentinamente enojado.

  • From The Surrender: An Erotic Memoir (2004)

    Then he admitted with a shy grin that he liked his women a little slutty—trashy was the word he used. Admittedly, I couldn’t be a genuine Christian, but I had been practicing slutty and trashy for a few years already. This man’s contradictions were as epic as my own. I asked him just how far could he go sexually before God got mad: “Where is the line?” An hour later, I still hadn’t gotten an answer, just a discernible sigh as his tongue hit my clit on the roof of a nearby car park. He had suggested looking at the view. God was now speaking to me, too, and the time was now and the view superb. And thus, I, too, died and was born again. I have never seen a man before or since look at a pussy the way this guy did. I felt penetrated by his gaze alone. He projected an innocent, open-eyed hunger layered with filthy lust and divine desire. It is forever fixed in my mind’s eye and, easily recalled, can make me come in a jiffy. The risk of being caught in public did wonders for Born Again. One afternoon I sucked his cock in a Denny’s parking lot, just as the lunch crowd of blue-haired ladies was heading for their Pontiacs. He had a great way of staying calm, cool, and on the lookout above while fucking my mouth furiously below. Jekyll and Hyde, sacred and profane, horny man of God. Another time he stuck his hard cock through my vertical mail slot, humping my front door, as I sucked him on the other side while neighbors passed behind him in my courtyard. Perhaps this was a man I could actually date. But shortly afterward he told me that both Darwin and the Dalai Lama were, in general, wrong about most things, and my brief hope for a man who combined the erotic and the spiritual disappeared. When he told me that he didn’t believe in evolution (so I came from a monkey but he didn’t?), I suggested we stop talking entirely and find a nice mail slot through which to communicate. This guy name-dropped God like they were buddies, and his heresies became my self-righteous obsession. Though invited to enter their bliss for a three- way, I simply couldn’t override my own intelligence and do it. Witnessing his religious arrogance in all its shameless glory, however, inspired my own libido to new heights, and every erection became a tangible victory over his troubled piety. Dressed in my red stilettos, fishnet stockings, and a thong, I invited him one night to come into my backyard.

  • From The Surrender: An Erotic Memoir (2004)

    There is the very normal-looking bikini style—mine are deep purple—that upon closer inspection (which is the aim, after all) sport a very nasty little three-inch, black-lace-lined slit in the middle of the crotch that basically forms a glory hole for a searching tongue—or cock. In their apparent innocence, these are in some ways the naughtiest of the assortment—but then again perhaps not . . . There are the transparent black ones that carry the slit concept to infinity: the slit, red-ribbon-rimmed, simply runs from the waistband in front all the way down and around to the waistband in back. These are actually very practical panties, allowing for clit, cunt, and ass access, although with one’s legs held together, they appear quite decent. Then there is my little-girl pair: white with tiny pink roses. These are stylistically quite complex. While they retain the usual waist of a panty, the entire crotch has been excised, leaving only two delectable little elastics traveling between one’s legs with zippo in between except one’s very own jewelry box. Carefully coiffed pubic hair in front acquires a really lovely triangular frame in this style, and I’m especially charmed by the petite pink bows decorating the crucial junctures where skin and panty meet. Taken as a whole, this truly “crotchless” design is perhaps the most elegant of the bunch, but I’m also fond of a rather amusing pair that has clearly been based on the design of a ballerina’s tutu. Sporting a split thong between the legs and a witty little tutulike black gauze ruffle around the waistband, they are quite adorable. But the very best of all, my favorite, is the Butterfly. I have these in both black and powder pink. These are the most expensive and it is clear why—they have the least fabric of all. These petite, delicate works of art best embody the great irony of this particular garment: they are classy crotchless panties. G-string style, the upper pubic area is designed and woven in the shape of a spread-eagled butterfly complete with wings sprinkled with beads and shimmering sequins. I just adore glitter, pomp, and circumstance around my pussy—I’d wear red velvet curtains with gold-tasseled tiebacks between my legs if I could. But the real pièce de nonrésistance in these particular panties lies in the two slender elastic straps that connect the lower wings of the butterfly to the center of the thin elastic waistband in the back. Properly placed, alongside the outer pussy lips, they pull up ever so slightly, visually accentuating from the front the beginning of one’s slit. But one day those two little straps slipped—ooh la la!—and demonstrated yet again that accident is the mother of invention. With those elastics placed securely inside, on either side of one’s clit and hood, the butterfly soars. Oh my, oh my, oh my—that feels good. And it looks absolutely beyond porn queen, like the summit of high art—like a Modigliani by Mondrian.

  • From The Surrender: An Erotic Memoir (2004)

    We convened at the redhead’s house at 10:30. Now, this woman knew ambiance like she was born in a harem: red velvet curtains not only on every window but dividing every room; gold fixtures galore; no electric lighting, just candles and incense burning like in a Catholic church; sexy music emanating from unseen speakers; potted palms; naked images of herself in various theatrical guises on the walls; and mirrors, mirrors everywhere—a narcissist’s nirvana. I was learning from this woman already, learning about myself, learning what I liked. After a glass of champagne in crystal flutes at midnight, we ended up on her Persian carpet on some lush pillows watching Fred Astaire in Top Hat. The Young Man had never seen it before. He didn’t see it that night, either. He and I were the first to touch, relinking from earlier that day. As we grasped hand to hand, she watched like a Cheshire cat, and slowly linked herself, too, to me, hands to legs. Before long, they had conspired to remove my clothes, mesmerizing my body with touch. Four hands, two faces, male and female, urgent, loving, sexual, groping, they swept me up in waves of love. Gently, they fought over my pussy; he got there first, but she edged him out. The pleasure was illegal. What’s wrong with girls with girls? Absolutely nothing. But I wanted to come in his mouth, and in my only move, I pulled his face into me. As I gave him all I had and then some, Fred was still twirling in his top hat on the muted black-and-white screen. Then the redhead and I stripped him. He allowed it, willing and erect. She and I gathered like good girlfriends around his cock, which was hard, big, and beautiful. Four hands, two mouths. Every few minutes the Young Man raised his head to look down at the scene of angels praying together over his vertical altar. His eyes rolled back in his head, and with a smile and a groan he fell back into his pleasure. But he never came. She commented on his endurance. He said he’d always been that way. She seemed to know a whole lot about cocks and pussies, and I just sucked it all in. He was one of the blessed, she said, a man who can really take a woman on a ride. I found out later for myself just what kind of ride this could be.

  • From Birthday Girl (2018)

    Respiro profundamente, mis músculos se tensan, y estoy cerca. Le doy la vuelta, hambriento de tener el control otra vez, y su cabeza cae a un lado de la cama, demasiado cerca de la mesita de noche. Agarro el borde y lo giro, haciéndola caer, la lámpara y todo estrellándose contra el suelo. Gime y me besa, atrapada en la locura del momento, también. —No pares. —Jadea—. No te detengas. Voy a correrme otra vez. Presiono mi frente contra la suya, ambos malditamente cerca de hiperventilar mientras empujo una y otra vez, tratando de pensar en cualquier cosa que no me hiciera correrme, pero se siente demasiado bien, y estoy demasiado perdido. —Oh, Pike —lloriquea—. Justo ahí. Sí… Mis músculos están ardiendo, mi cabeza está girando, pero no rompo el ritmo, porque si muero ahora mismo, así es como quiero morir. —Ah —gime, su cuerpo se tensa y su respiración tiembla. Se queda en silencio y luego... echa la cabeza hacia atrás y grita. —¡Oh, Dios! La beso con fuerza, verla correrse otra vez es suficiente para empujarme por el borde. Empujo con fuerza, cerrando los ojos y derramándome, zambulléndome dentro de ella una y otra vez mientras el orgasmo se apodera de mi cuerpo y el agotamiento y la euforia se activan al mismo tiempo. El caliente flujo blanco se desliza por mis muslos, y mi polla se mueve, y todo sobre ella es el cielo. Todo parece ser la primera vez. Desciendo, descansando mis codos a cada lado de su cabeza y alejando el cabello de su rostro. Me mira, su rostro enrojecido y brillante con una ligera capa de sudor. —No la besaste, ¿verdad? —pregunta en voz baja. Me río. —¿Y eso es lo que estás pensando en este momento? Tuerce los labios avergonzada, pero presiona de todos modos. —No lo hiciste, ¿verdad? —No —le digo—. Y no hubiera pasado la noche aquí. Estaba tratando de olvidarme de ti y de lo mucho que quería esto, pero no habría sucedido. Tenías razón. Te deseaba a ti. La beso, sorprendido de que, aunque me he corrido, no he terminado con ella. Podría quedarme aquí toda la noche. —¿Y esa pequeña mierda de la fiesta? —cuestiono—. No pasó nada, ¿verdad? Sus débiles hoyuelos se hacen más profundos. —Jordan —advierto, frunciendo el ceño. Se ríe. —No —responde finalmente—. Él no tiene tu cuerpo —me da un beso en la mejilla—, o tus tatuajes —me besa la mandíbula—, o tu boca —besa mis labios—, y cada palabra que sale de ahí se desliza bajo mi piel y me vuelve loca de todas las mejores maneras. Me hundo en ella, besándola larga y duramente. El jodido daño ya está hecho. Me sentiré culpable mañana. —Una cosa, sin embargo —dice, apartando su boca de la mía dejando un rastro de besos en mi mejilla—. Sé que tienes trabajo mañana, y probablemente quieras dormir, pero tengo hambre. ¿Podemos bajar a tomar un helado y luego hacerlo de nuevo antes de acostarnos?

  • From Birthday Girl (2018)

    Pongo mi trasero en el sofá, poniendo el brazo en el respaldo y tomando otro trago. A la película todavía le quedan unos minutos y se sienta al otro lado del sofá para terminar de verla, pero parece que ya no puedo seguir concentrado. Y tampoco creo que ella la esté viendo. Algo ha cambiado. La conversación era ligera y luego no. Y es mi culpa. Soy frío. De algún modo después de Lindsey y el caos, dejé de ser capaz de abrirme. Me acostumbré demasiado a estar solo. Frunzo el ceño. No quiero que ella me evite por no poder mantener una jodida conversación. Es la novia de Cole y no quiero más muros entre él y yo. Ella podría ayudar con eso. —¿Estás planeando quedarte en la ciudad después de terminar la universidad? —pregunto. Me mira y se encoge ligeramente de hombros. —No estoy segura. Todavía quedan unos cuantos años —responde—. No me importaría quedarme aquí mientras pueda permitirme unas vacaciones de vez en cuando. —Se ríe un poco—. Simplemente no quiero estar en un trabajo sin futuro para siempre, ¿sabes? Si puedo encontrar un trabajo en la zona, entonces podría ser agradable quedarme durante un tiempo por mi hermana y mi sobrino. Hay muchas obras aquí y en las ciudades y suburbios de los alrededores. Por eso me fue fácil quedarme todos estos años. Si se interesa en el diseño de paisajes, es muy posible que tenga buenas oportunidades si se queda en la zona. —¿Alguna vez has viajado? —indago, echándole un vistazo. Pero luego me detengo, olvidando de repente lo que estaba diciendo. Bajo la mirada hacia su trasero, su cuerpo ahora girado mientras está inclinada sobre el brazo del sofá para dejar la cerveza en el suelo. Sus pequeños pantalones cortos abrazan cada curva, sus rodillas están separadas y, por un momento, soy atraído hacia la humedad entre sus piernas. El calor inunda mi ingle y mi polla se remueve. Mierda. Aparto la mirada. Lucho por respirar y el sudor estalla en mi cuello. ¿Qué demonios? Puede que no luzca joven, pero lo es. Es una niña. ¿Qué demonios estoy haciendo? Vuelve a sentarse e inclino mi botella, tomando otro trago para cubrir mis nervios. —No realmente —responde. De nuevo, ¿qué le pregunté? Oh, cierto. Viajar… —Fui a Nueva Orleans con mi hermana cuando tenía quince años y gané una beca para una escuela de verano en Virginia cuando tenía doce años —dice—. Eso es todo. —¿Nueva Orleans a los quince? —bromeo. Debió haber sido interesante. Una conocedora sonrisa cruza su rostro, pero desaparece rápidamente. —Ahí es donde vive mi madre —indica. Oh, sí, cierto. Su padre es Chip Hadley. No le presto mucha atención a los chismes, pero sé que ha estado casado unas cuantas veces. Jordan se aclara la garganta, enderezándose. —Se marchó cuando yo tenía cuatro años. ¿Cuatro? ¿Qué clase de persona la dejaría de ese modo?

  • From Birthday Girl (2018)

    Moviéndome a través de la multitud, camino por el pasillo vacío, llegando finalmente a la misma habitación en la que estaba llorando cuando la hice molestarse la última vez. Entrando por la puerta abierta, la veo de pie con las manos en las caderas y su cabeza inclinada hacia mí. —Preferiría comer en un contenedor de basura que tomar dinero de ti —dice mordazmente. Debería callarme. Pero Dios me ayude, no puedo. —Odio decírtelo, pero ya lo haces —le digo—. Vives en una casa donde no pagas alquiler, ni servicios públicos, señorita. —¡Cocino y limpio para ti! —grita, pero dudo que alguien pueda escucharnos aquí atrás y por encima de la música—. ¡Pago a mi manera, imbécil arrogante! —Está bien, está bien —gruño, parpadeando larga y duramente—. Tienes razón, ¿de acuerdo? Pero, Jordan, los hombres se harán ideas. Pensarán que tienen un pase libre y pueden tocar lo que le pertenece a mi hijo. Lo estás avergonzando. —¿Tu hijo? —se burla, riendo—. Bueno, no lo viste, en realidad. Ya me vio y no le importa, Pike. Pensó que me veía bien y luego se fue con sus amigos. ¡No le importa! —¡Bueno, a mí me importa! Las palabras salen de mi boca antes que pueda detenerlas y me congelo, casi demasiado asustado para respirar. Oh, mierda. ¿Que acababa de decir? Su boca se abre un poco, pero se calla, probablemente conmocionada por mi arrebato. Sus ojos permanecen fijos en los míos, sin pestañear, con una mezcla de confusión y sorpresa escrita por todo su bonito rostro. Pero en lugar de arrepentirme, mi temperamento vuelve a aumentar rápidamente. ¿Cómo diablos puede no importarle? ¿Y por qué a mí sí? Jesús, mierda. Es una adulta, ¿cierto? Y si a su novio no le importa, entonces ¿quién soy yo o cualquier otra persona para dar su opinión sobre sus decisiones? No me corresponde. No, no hay nada de malo con lo que hace su hermana para mantenerse a sí misma o en cómo Jordan está vestida esta noche. Se ve jodidamente hermosa. Simplemente no... quiero que su cuerpo sea para todos. —Eres especial, Jordan. —Me acerco un paso más hacia ella—. Lo sabes, ¿cierto? Sus ojos comienzan a brillar, su mirada vacila y mira hacia otro lado. Dios, ¿sabe lo increíble que es? Me permito observar su piel suave y resplandeciente y la curva de su cintura frente a mí que es perfecta para aferrarse a ella. Un hombre debería verla vestida así y debería ser un hombre que aprecie lo que tiene. —No hagas cosas fuera de tu naturaleza por dinero —le digo—. Eres perfecta como eres. No cambies. No quiero que cambies. —Es solo un corsé, Pike. —Sí y luego será un concurso de camisetas mojadas y un trabajo en The Hook, ¿cierto? —contrarresto.

  • From Delta of Venus (1977)

    He parted her legs as if he wanted to break them apart. His hair fell on her face. Smelling it, she felt the orgasm coming and called out to him to increase his thrusts so that they could come together. At the moment of the orgasm he cried out in a tiger’s roar, a tremendous sound of joy, ecstasy and furious enjoyment such as she had never heard. It was as she had imagined the Arab would cry, like some jungle animal, satisfied with his prey, who roars with pleasure. She opened her eyes. Her face was covered with his black hair. She took it into her mouth. Their bodies were completely tangled. Her panties had been so hurriedly pulled down that they had fallen the length of her legs and lay around her ankles, and he had somehow inserted his foot into one half of the panties. They looked at their legs bound together by this bit of black chiffon, and they laughed. She returned many times to his apartment. Her desire would begin long before each meeting, as she dressed for him. At all hours of the day his perfume would issue from some mysterious source and haunt her. Sometimes as she was about to cross a street, she would remember his scent so vividly that the turmoil between her legs would make her stand there, helpless, dilated. Something of it clung to her body and disturbed her at night when she was sleeping alone. She had never been so easily aroused. She had always needed time and caresses, but for the Arab, as she called him to herself, it seemed as if she were always erotically prepared, so much so that she was aroused long before he touched her, and what she feared was that she would come at the very first touch of his finger on her sex. That happened once. She arrived at his apartment moist and trembling. The lips of her sex were as stiff as if they had been caressed, her nipples hard, her whole body quivering, and as he kissed her he felt her turmoil and slipped his hand directly to her sex. The sensation was so acute that she came. And then one day, about two months after their liaison, she went to him and when he took her in his arms she felt no desire. He did not seem to be the same man. As he stood in front of her she coldly observed his elegance and his ordinariness. He looked like any elegant Frenchman one could see walking down the Champs Élysées, or at opening nights, or at the races.

In behavioral science