Skip to content

Desire

Desire is not a synonym for sex and it is not a synonym for wanting. It is the body's motivated lean toward intimacy, beauty, or more contact — the architecture of being-pulled. Vela holds the erotic register at the center but does not collapse the social, the cognitive, and the devotional registers into it: the corpus reads desire across all four, and the texture is in the difference.

Working definition · Motivated pull toward intimacy, beauty, or more contact—not mere preference.

6874 passages · 2 Vela essays

Vela’s read on this emotion

Desire is one of the emotions Vela reads most carefully, because the English word covers too much ground to leave undifferentiated. Four registers run inside it.

The erotic register is the most familiar. Vela reads it through Carmen Maria Machado, Garth Greenwell, Sappho's surviving fragments, and Audre Lorde's essay *Uses of the Erotic* — writers who treat erotic desire as serious subject matter rather than ornament. The social register — the desire to belong, to be seen correctly, to matter to a community — runs through memoir and through the literature of exile. The cognitive register — desire for the right word, for understanding, for mastery — surfaces in Plato's *Symposium* and in Augustine of Hippo's *Confessions*, where desire is examined as a form of motion of the soul. The devotional register — desire for God, or for the absolute — runs through the *Song of Songs*, Teresa of Ávila, John of the Cross, and the broader mystical tradition.

Desire is not the same as yearning, longing, or love. Yearning is desire facing what it may not reach. Longing is yearning settled into chronicity. Love is the sustained orientation that survives desire's exhaustion. The four words are kin; Vela reads them separately because the writers who have been most honest about each have kept them separate.

*On Desire* — the slower companion essay in the magazine — walks the four registers and makes the case for not collapsing them.

Study and magazine

Long-form guide in the magazine

*On Desire* — the four-register reading. Desire as architecture, not virtue: how the word holds erotic, social, cognitive, and devotional registers at once, and what the writers keep saying when the four are not collapsed.

Read the guide

Passages

Every passage tagged with this emotion in the Vela corpus. Search the body text, narrow by source or register, click through to a book’s profile to see how the passage sits with the rest of the work.

Page 218 of 344 · 20 per page

6874 tagged passages

  • From Birthday Girl (2018)

    Tomo sus labios y la beso con fuerza, sintiéndola derretirse lentamente en mí y presionando su cuerpo contra el mío. El calor me inunda y me pongo duro, moviendo mis manos alrededor de su espalda, agarrando su culo y levantando su pierna por la parte posterior de su rodilla. Dejo un rastro de besos sobre su mejilla y su cuello, y deja caer su cabeza hacia atrás, dándome rienda suelta mientras la presiono contra el auto y le mordisqueo la garganta y la clavícula. —Pike, alguien nos verá —suplica. Pero estoy tan hambriento de esto. La correa de su camisa cae por su brazo, le saco la copa del pecho y me sumerjo, tomando un bocado de su carne, pezón y todo, en mi boca. Jadea. —Pike. Oh, Dios… Gime mientras la beso y la chupo, mordisqueando la endurecida piel de su pezón. —Jesús, tenemos que llegar a casa —gimo—. O te voy a follar aquí mismo. —Hola, Pike —dice alguien. Salto, Jordan grita, y la abrazo mientras se mete en mi pecho, tratando de ocultar su cuerpo apenas vestido. —Mierda —gruño y vuelvo la cabeza, viendo a Ben Lovell en su auto de policía, al ralentí junto a nosotros. ¿Cómo no lo escuchamos venir?—. Ben —digo, respirando con dificultad—. ¿Qué demonios? Está haciendo un pésimo trabajo al ocultar su diversión mientras responde: —Solo estoy haciendo mis rondas, hombre —dice—. ¿Es la chica de Chip Hadley la que tienes allí? —No es asunto tuyo. —Me muevo, tratando de asegurarme que Jordan esté fuera de su vista. Pero todavía trata de mirarla. —¿Estás bien, cariño? —pregunta, todavía sonriendo. Ella envuelve sus brazos alrededor de su cuerpo, cubriendo su desnudez mientras sonríe entre dientes. —Um, sí, señor. Él se ríe y sacude la cabeza. —Maldición —murmura entre dientes, pone su auto en marcha y avanza lentamente. Espero a que abandone el estacionamiento antes de dirigirme a Jordan. —No te preocupes. No dirá nada. Lovell no es un chismoso. Rápidamente levanta la correa de su camiseta y cruza sus brazos sobre su pecho, mirando alrededor nerviosamente. —Vamos. —Tomo su mano, llevándola a mi camioneta—. Vámonos a casa y salgamos a nadar. —¿Desnudos? —se burla. Abro la puerta, sacudiendo mi cabeza. —No —respondo—. Usa las conchas. He estado muriendo por la oportunidad de quitarte ese traje. Sonríe y se sube al asiento, rodeo la camioneta y abro mi puerta. Saca su teléfono, probablemente para enviarle un mensaje a su hermana avisándole que se va, y enciendo el motor, poniéndolo en marcha. Antes que salgamos del estacionamiento, se arrastra a mi lado y comienza a mordisquear mi cuello. —Hablando de trajes... —dice, deslizando una mano dentro de mi chaqueta y acariciando mi pecho—. Podría acostumbrarme a esta apariencia en ti. —No —le advierto—. Es solo para ocasiones especiales. —¿Y soy una ocasión especial? —Creo que sabes que lo eres —bromeo—. No amplío mi zona de confort por cualquiera.

  • From Birthday Girl (2018)

    Caminado a la habitación, paso las cinco que asigné para “Tyler” y sus chicas, y puedo escuchar música, charla, y risas en el interior de varias. Pasamos otra habitación con las cortinas cerradas, pero la luz de la televisión atraviesa la tela. En la acera, Peter, uno de los regulares, camina hacia la máquina de sodas con una espada atada a su espalda desnuda y usando sus pantalones de cuero negro. —¿Qué demonios es eso? —murmura Pike, mirándolo. —Ese es Peter —digo, admirando el cabello negro que se mueve casi hasta su cintura—. Viene cada fin de semana a LARPing. Pike frunce el ceño y me mira. —Juegos de Rol de Acción en Vivo —explico—. A veces trae a una hermosa princesa Elfo, y se vuelven traviesos. Puedes escucharlos a través de las paredes. Resopla mientras llegamos a nuestra habitación, y abre la puerta. Entro y me dirijo a la mesa de noche, encendiendo la lámpara, mientras cierra y coloca el seguro a la puerta. —¿Puedo llevarte a casa mañana? —pregunta—. Estoy ansioso. Lo miro. —¿Ansioso de qué? Solo me regala una sonrisa. —De todo, supongo. Me lanza una pequeña caja, y estiro el brazo, atrapándola. —¿Qué es? —pregunto. —Ábrelo. Camino al lavabo frente al espejo, rompiendo la cinta y abro la caja. Saco tres cintas de casete, e inmediatamente sonrío. —Te encontré algo de música de los 80 que puedo soportar —dice, acercándose a por detrás mí mientras inspecciono las nuevas adiciones a mi colección. —AC/DC —leo la etiqueta—. Metallica… Beastie Boys. Lo miro, y se agacha para besarme. Cierro los ojos, sintiéndome mareada. Me pregunto por cuántos problemas pasó para encontrarlas. Espero que muchos. Golpeo su lengua con la mía, el beso volviéndose más caliente y fuerte, y muevo las manos, tomando su cuello, sin dejarlo ir. Toma aire por sus dientes, y puedo sentir como se endurece en sus jeans. —Bebé, he estado por toda la jodida Virginia. —Jadea—. Necesito una ducha. —Tomaremos una más tarde —digo, recordando nuestra aventura en la mesa de la cocina hace dos meses cuando quería ducharse primero. Dejo caer las cintas sobre mostrador, y presiono mi espalda contra de él, gimiendo. Me besa y me aparta un poco solo para mirarme a los ojos. —No ha existido nadie desde que te fuiste —me dice. Parpadeo. —Lo sé. Aunque, no puedo decir lo mismo. Su rostro cae, y su mandíbula se tensa. Lo inmovilizo con ojos de arrepentimiento. —Te extrañaba, así que bebí en poco el cuatro de julio, y tuve un pequeño encuentro con la esquina del escritorio en la habitación 108 —le digo—. Fue bastante ardiente. Comienza a reír, su cuerpo temblando detrás del mío. En realidad, no hice eso, pero me sentí tentada algunas veces. Aunque, cuando cierro los ojos, solo lo veo a él, y se sentía patético masturbarse por un chico al que no sabía si me quería. Entonces, he sido casta, y ahora estoy lista para ponerme salvaje.

  • From Birthday Girl (2018)

    Una ligera punzada de hambre golpea mi estómago, y me estremezco. La niña apagó una vela ayer. ¿Dejó otra ardiendo toda la noche? Podríamos tener que hablar de eso. No solo es inseguro, sino que realmente no me gusta todo lo relacionado con la aromaterapia, donde se engaña a tu cuerpo para que crea que hay magdalenas de arándanos en la casa cuando en realidad no las hay. Bajo la escalera, la casa cruje bajo mi peso, pero cuando llego al final, miro a mi alrededor, notando que las luces de la sala están encendidas y hay música suave que viene de la cocina. Al entrar, veo a Jordan sentada en la isla, en la oscuridad. Su computadora portátil está abierta frente a ella mientras que sus manos están rodeando una taza de café. Dudo por una fracción de segundo, conmocionado por lo diferente que se ve en este momento. La luz de la pantalla hace que sus ojos brillen mientras el vapor sale de la taza frente a su rostro. Luego frunce los labios y sopla, tratando de enfriar la bebida, mientras que el cabello rubio cae sobre su rostro desde el moño desordenado en la parte superior de su cabeza. La delgada pendiente de su mandíbula, las largas pestañas, la punta suave de su pequeña nariz y… mis ojos bajan antes que pueda detenerlos, y observo sus piernas perfectas, suaves y bronceadas, visibles porque todavía tiene su pantalón corto de pijama. El calor se remueve en mi estómago, y aparto la mirada, pellizcándome las cejas. No pueden ser de la misma edad. Mi hijo es un niño, y ella es… Una niña, también, supongo. Es extraño. La última vez que conocí una de sus novias, la chica llevaba un aparato de ortodoncia. Es desagradable pensar en que ahora sale con chicas que eran mi tipo en el pasado. —Buenos días —saludo mientras paso junto a ella ala Keurig1. Por el rabillo del ojo la veo levantar la cabeza. —Oh, hola. Buenos días. Su voz es suave y entrecortada, y escucho la tapa del portátil cerrarse mientras pongo una capsula en la máquina y una taza de metal debajo de la boquilla. Miro 1Marca de máquina de café. por encima de mi hombro para verla bajarse silenciosamente del taburete y recoger su computadora y cuaderno. —No tienes que irte —le digo—. Ya me voy de todos los modos. Muestra una pequeña y tensa sonrisa, pero no me mira mientras coloca sus cosas a su lado y toma su café de nuevo. —¿Llevas despierta mucho tiempo? —pregunto —Tengo el sueño ligero. —Finalmente levanta los ojos y se ríe para sí misma— . Las tormentas eléctricas son difíciles para mí.

  • From Birthday Girl (2018)

    No me mira, pero la observo. ¿Quiere que tenga sexo? Siento que un sudor cálido y ligero me cubre la columna cuando me doy cuenta del calor de su cuerpo de pie entre mis piernas. Observo cómo se retira el cabello del rostro solo para que vuelva a caer en el mismo lugar. La del bikini naranja no es la que quiero que me salte encima. Distraídamente, levanto la mano y le quito el cabello del ojo, rozando su frente mientras lo pongo detrás de su oreja. Levanta su mirada, encontrando la mía mientras dejo que mi mano caiga por los mechones de su cabello liso, y mi corazón se detiene un segundo mientras estamos parados ahí, mirándonos. Casi puedo sentir su rostro en mis manos. El impulso es tan fuerte por saber lo que es tener solo una parte de ella. Jesucristo. Dejo caer mi mano, mirando hacia la pequeña herida en mi dedo medio. —Entonces, ¿quieres que lo haga? —Habla en voz baja, casi como si temiera lo que voy a decir. Sacudo la cabeza. —No —digo finalmente—. No está mal, pero no es lo que me gusta. Desenvuelve un curita y lo coloca en mi dedo, lentamente alisando el vendaje una y otra vez. Mis dedos hormiguean donde los sostiene, y miro su rostro, su enfoque aún no abandona mi mano. Y de repente, casi susurra: —Bueno, ¿qué te gusta? Observo mientras se lame los labios, su respiración es superficial, y mi polla se sacude, casi como si estuviera a punto de romper algo con mis dientes. ¿Qué está haciéndome? —Mujeres con edad suficiente para beber, para empezar —replico, retirando mi mano. Arquea una ceja. —Sí, como si fueras un amante de los bares. Sí, tiene razón. Bebo en casa —Pero bien. —Suspira, retrocediendo y colocando sus manos en sus caderas— . Realmente no quería presentártela. —¿Por qué? —No creo que sea tu tipo. —Arroja los envoltorios, moviendo sus ojos ahora— . Además, estaría celosa. Me gusta ser la única mujer en la casa. —¿Y si hubiera dicho que sí? Se encoge de hombros, fingiendo una mirada de disculpa. —Bueno, entonces no obtendrás tus nuevas hamburguesas favoritas como te gustan. Sonrío, negando. Qué presuntuosa. Pero sí, de hecho me encanta su forma de hacer hamburguesas. Toma mi mano, dándole un vistazo a mi pequeña herida. —Está bien. Gracias. —Me levanto, obligándola a retroceder un poco—. Sal con tus amigos. Vuelve su cabeza por encima de su hombro, mirando hacia afuera, pero no parece de humor para seguir de fiesta. —¿Qué vas a hacer? —pregunta caminando de regreso a la sandía y llenando un gran tazón con los trozos. —Intentar volver a dormir, supongo —le digo. Afortunadamente no se meterá con mi aire acondicionado, y podré volver a dormir. Saliendo de la cocina, froto mi dedo, sintiendo el dolor de la puñalada. La miro de nuevo y veo sus ojos sobre mí mirando sobre su hombro. Rápidamente vuelve a su trabajo, y simplemente quiero quedarme.

  • From Birthday Girl (2018)

    No porque algo fuera diferente, o por algo que no tuviera, sino porque me sintiera exactamente igual al día siguiente. Y al siguiente. Especial, recordada, feliz. Él me hace feliz. Feliz de un modo en que mi novio debería hacerme. Pelando otra patata, lo veo moverse por el rabillo de mi ojo e intento detenerme, pero levanto la mirada de todos modos. Levantando sus brazos, se quita su camiseta azul marino y la pone en su bolsillo trasero, estirándose para levantar el cortador de ramas de nuevo. Por un momento, me congelo. Mis manos dejan de hacer su labor y los sonidos del cortador, la podadora de césped al otro lado de la calle y la música sonando en la cocina se desvanecen lentamente. Su piel, dorada y tonificada, se ve caliente y suave, los músculos de su estómago y las venas recorriendo sus antebrazos se presionan contra su piel, mostrando cuánto y cuán duro ha trabajado en su vida. El sudor se resbala por su cuello y espalda y puedo ver las ondulaciones de los músculos de su espalda. Incluso a través de los tatuajes. Largas piernas en jeans desgastados con su camiseta colgando de su bolsillo trasero y cubriendo parte de su... Humedezco mis labios mientras aparto la mirada de su trasero y observo la forma en que sus jeans cuelgan de sus caderas. Cada músculo se flexiona mientras corta rama tras rama y todo lo que puedo lograr son respiraciones cortas y superficiales mientras aún admiro la forma en que las piernas de su pantalón caen sobre sus botas marrones de construcción. El señor Lawson es sexy. Es capaz, con un cuerpo fuerte y me pregunto cómo se siente. ¿Cómo es con una mujer? Bajo mi mirada de nuevo. —Oh, eso es sexy. —Escucho decir a una voz. Parpadeo y muevo mi cabeza rápidamente, mirando detrás de mí. Cam. Está parada a un costado de la isla, atravesó la puerta de entrada sin que la escuchara. Tiene un antebrazo apoyado en el granito, inclinándose casualmente con una mirada divertida en su rostro. Me giro para volver a mi labor, mi corazón latiéndome en los oídos. Es suficientemente malo comerse con los ojos a alguien que no es Cole, pero también tenía que ser ella quien me atrapara. —Nunca te he visto mirar a Cole de ese modo —dice. ¿Cuánto tiempo estuvo ahí parada? Decido cortarlo de raíz. —¿De qué modo? —espeto—. Deja de intentar comenzar alguna mierda. La escucho moverse mientras viene a pararse junto a mí en el fregadero. Lanzo una mirada hacia Pike para ver que todavía está trabajando, ajeno a nosotras en la casa. —Ambos se están poniendo bastante cómodos aquí —se burla, enjuagando las patatas peladas y metiéndolas en la olla—. Está haciendo trabajo de jardín. Estás cocinando. Es como si fueran una pareja. —Cállate. Soy lo suficientemente joven como para ser su hija.

  • From Birthday Girl (2018)

    Me río. Podría decir lo mismo de mí si estuviera mirando con suficiente atención. —Bueno, puedo ser intimidante —bromeo. —Sí, parecía que quería montar tu duro e intimidante polla allí mismo en el bar. Mis ojos se abren por completo y lo fulmino con la mirada. —¿Estás intentando bromear conmigo? ¿Qué demonios? —Oh, por favor —replica—. ¿Me estás diciendo que no la viste inquieta y mordiéndose el labio simplemente por verte cuando te trajo tu cerveza favorita? ¿Lo hizo? —Era como un cachorro con la lengua colgando fuera de su boca —agrega. ¿Lo era? Aclaro mi cabeza y miro por la ventana, el desconcierto está grabado en mi rostro. Lo que sea. —No hables así de ella —le digo—. Es la novia de mi hijo, hombre. Vamos. Montando mi... sacudo la cabeza. Increíble. —Entonces, ¿está fuera de los límites para ti? —¡Sí! —Entonces, ¿por qué la miraste como si te encantara lo que llevaba puesto y quisieras verlo en el suelo de tu dormitorio esta noche? —No estaba mirándola así —digo a través de mis dientes apretados Pero solo se ríe entre dientes. Idiota. —Oye, no estoy faltándole al res... —Cállate —digo. Maldición. No está bien. Ya es bastante malo que la mire como si fuera una mujer real y no la chica de mi hijo, pero estaría condenado si alguien se entera de ello. —Todo lo que digo es que es exactamente tu tipo —me dice, regulando su voz—. ¿Lo notaste? Siempre fuiste por chicas como ella en la escuela secundaria. Antes de Lindsay, el Desastre, de todos modos. —Solo cállate. Pero no lo hace. —No digo que debas hacer algo. Y es por eso que intervine y no dejé que la trajeras a casa. Su tono se vuelve serio. —Bromas aparte, Pike —continúa—, es exactamente tu tipo. No deberías estar a solas con ella. Sí. Lo sé. Solo espero que sea la única persona que lo haya notado. —Gracias por la intervención —le digo—, pero incluso si me sintiera atraído por ella, soy capaz de controlarme. —No te estás viendo desde mi perspectiva. —Mira por el parabrisas delantero, con seriedad—. Se miran el uno al otro como... —¿Cómo? Traga saliva, un ceño inusualmente fruncido en su frente. —Como si tuvieran su propio idioma. Entro en el camino de entrada, balanceando mi cuerpo de lado a lado mientras los faros caen sobre el garaje cerrado al frente. Apretando el embrague, presiono el freno, me estaciono y apago el motor. El bar se vació temprano, Shel y un par de chicas más se quedaron para cerrar, así que esta noche salí antes de las dos. Pike se fue hace solo una hora, pero indudablemente ya está en la cama. No es un ave nocturna. Echo un vistazo, viendo el Challenge de Cole estacionado en el lugar de al lado. Está en casa. Frunzo el ceño, la aprensión me golpea repentinamente.

  • From Birthday Girl (2018)

    —Siempre. Estamos construyendo un edificio de oficinas en la veintidós antes de llegar al parque. —Me mira—. No importa cuánto lo planees y presupuestes, siempre hay sorpresas que intentan desestabilizarte, ¿sabes? La autopista veintidós. El mismo camino que tomo para ir a clases al Doral. Debo haber pasado por su lugar de trabajo muchas veces. —Nada nunca sale según lo planeado —reflexiono—. Incluso a mi edad, ya lo sé. Se ríe, las esquinas de su boca curvándose en una sonrisa mientras me mira. —Exactamente. De repente titubeo, un déjà vù me golpea. Por un momento, veo al tipo en el teatro otra vez. Parpadeo, tratando de mirar hacia otro lado. Sus ojos color avellana se ven más verdes bajo la lámpara que cuelga sobre su cabeza, su cabello se secó de la ducha y, de repente, parece más un hermano mayor de Cole que su padre. Aparto los ojos de su sonrisa, captando un vistazo de los tendones de su brazo que se están flexionando mientras trabaja en el fregadero. Tomo mi teléfono del mostrador y me doy vuelta para irme, pero luego recuerdo algo. —¿Puedo tener tu número de teléfono? —Me giro y pregunto—: ¿En caso que haya un problema aquí, pierda mi llave o algo así? Me mira por encima del hombro, con las manos todavía en el agua. —Ah, claro. —Cierra el grifo y agarra una toalla, secándose—. Buena idea. Toma. Agarra su teléfono y abre la pantalla, entregándomela. —Pon también el tuyo en el mío, entonces. Le doy mi teléfono y tomo el suyo, ingresando mi nombre y mi número de teléfono. Me alegro de haberlo recordado. Cualquier cosa podría salir mal con la casa. El sótano podría inundarse, podrían entregarse paquetes que no son míos, podría no poder encargarme de la cena alguna noche, que Cole y yo estemos juntos y necesite avisarle… Este no es mi apartamento donde puedo tomar todas las decisiones. Le devuelvo el teléfono y él el mío, pero comienza a sonar música del mío, y mira la pantalla del teléfono. Mi aplicación de música debe haber estado activa y la encendió accidentalmente o algo. Mierda. Father’s Figure de George Michael comienza a sonar, y arquea las cejas cuando comienza el sugerente coro. Mi boca se seca al escuchar la letra. Le arrebato el teléfono y lo apago. Él exhala una carcajada. Increíble. Luego se endereza, aclarando su garganta. —Música de los 80, ¿eh? Me paso los dedos por el cabello, deslizando el teléfono en mi bolsillo trasero. —Sí, no estaba bromeando. Después de un momento, vuelvo a mirar y lo veo observándome, con una sonrisa en los ojos. Desvía la mirada a un lado, y se inclina, recogiendo una de las revistas de casa y jardín que no me había dado cuenta había caído de mi bolsa sobre la mesa de la cocina. —Y es Pike—señala, entregándome la revista—. No señor Lawson, ¿de acuerdo? Está tan cerca, y mi estómago da un vuelco, incapaz de mirarlo.

  • From Birthday Girl (2018)

    Mi pecho se sacude con una risa, porque es tan mentirosa. Este asunto de dormir durante las tormentas nunca ha sido un problema en nuestra cama. Duerme como una muerta a mi lado, y me enorgullezco mucho por ese hecho. De repente quiero ver su rostro, así que alcanzo las cerillas con mi mano libre, prendiendo una y encendiendo la vela sobre la mesita de noche. Apagando la cerilla, la habitación brilla con una luz suave, y bajo la mirada a su rostro, todavía en sombras pero un poco más visible ahora. Sus largas pestañas y hermosa piel. Sus labios rosas que he besado miles de veces durante miles de horas. Su cuerpo que he amado durante diez años y en un millón diferente de maneras. Pensarías que estaría acostumbrado a ella ahora, pero mi polla empieza a endurecerse ante el solo pensamiento de ella sobre mí de nuevo. Su cabeza se alza y mira alrededor, sobresaltada. —Oh, la ropa —suelta. —Ya me ocupé —le digo, palmeando su pierna para calmarla—. No te preocupes. Se relaja, asintiendo y bostezando al mismo tiempo. —¿Los niños están bien? —pregunta, poniendo su cabeza de nuevo en mi pecho. —Síp. Durmiendo como troncos. Froto su espalda, intentando calmarla para dormir y siento su pierna cubrir la mía. Aprieto mis dientes, la calidez entre sus muslos filtrándose a los míos ahora. Mi ingle pulsa. —¿Estás nerviosa? —susurro. —Un poco. Hará una presentación en la apertura de los jardines botánicos que diseñó para el nuevo museo en Rockford, mañana. Después de la universidad, trabajó para una firma durante varios años, pero decidió empezar su propio negocio el año pasado. El museo fue su primer y gran proyecto en solitario, y los clientes no solo están extremadamente complacidos con su trabajo, sino que esto ha traído varios proyectos ya. Es una artista. Pero una que odia hablar en público, así que estoy pensando que será doloroso pero breve mañana. —Solo recuerda. —Beso su cabello—. Subimos al auto y nos ponemos en camino después. Sus brazos se aprietan a mi alrededor. —No puedo esperar. Después de la presentación, vamos a Minnesota donde alquilamos una casa del lago durante dos semanas. Su hermana Cam y el último de una lista de novios ricos, también alquilaron una casa cerca, así que van a llevar a su hijo, y tendremos compañía cuando nos apetezca. Y alguien para llevarse a los niños por una noche cuando no lo hagamos. Sus dedos trazan mi pecho y arrastra sus uñas ligeramente por mi estómago. Mi cuerpo empieza a volver a la vida bajo mi piel, y no creo que pueda dormir hasta que lo saque de mi sistema. —Entonces, ¿estás despierta ahora? —me burlo. Asiente. —¿Tú? —Es difícil dormir cuando haces eso. Se ríe y se alza, deslizando una pierna sobre mi cuerpo y montándome a horcajadas. —Oh, qué bien. Se quita su camiseta y de inmediato toco su estómago, sintiendo el duro y pequeño bulto donde mi hijo o hija está.

  • From Birthday Girl (2018)

    —Pero en realidad, no fue hasta la acumulación de cada pequeña cosa que haces, llevarme el almuerzo, servirme mi propio trasero en esa sala de suministros en el bar, en ambas ocasiones, e incluso diciéndome que consiga ese salpicadero y haciéndome reír con tu insinuación de que soy como una cueva. —Se ríe—. Haces que mi corazón palpite tan fuerte que duele, Jordan. Tú, tu boca y quién eres, todo hace que quiera tocarte. Me hace no querer detener esto. Se encuentra con mis ojos y me coloca el cabello detrás de la oreja izquierda. —¿Te arrepientes de mí? —pregunta. Sacudo la cabeza. —Está bien —dice—. Puedes ser honesta, incluso si es solo una pequeña parte de ti. Entenderé. Me inclino, plantando una mano al lado de su cabeza. —Lamento la forma en que no pude dejar de mirarte el día que me mudé cuando llevabas algunas de mis cajas a la casa —le digo—. Cómo me gusta la forma en que no dices mucho y cómo te gusta ver películas conmigo. Lamento la forma en que se me revuelve el estómago cuando te escucho mover en tu habitación por la mañana, y sé que te veré pronto. —Paso mi mano por su pecho y cuello—. Y lamento buscarte cuando entro en una habitación y que, después que te vayas a trabajar a la mañana siguiente, tenga que bañarme otra vez, porque no puedo dejar de fantasear contigo y excitarme mientras espero que vengas a casa. —Sus abdominales se flexionan mientras se arquea un poco, presionando su polla contra mí—. Y lamento que no haría nada diferente —continúo—. No podría no sentir esto. Balanceo mi pierna hacia atrás, me doy vuelta y me levanto sobre él otra vez, esta vez de vaquera inversa. Levanto mi camiseta por encima de mi cabeza, dejando que mi cabello caiga por mi espalda desnuda, y lanzo una mirada sobre mi hombro, coqueteando con él. Su polla se hincha debajo de mí, y empiezo a rodar mis caderas, frotándome. —Estás tratando de matarme —gime. Paso mis dedos por mi cabello, sintiendo sus manos correr por todo mi cuerpo y llegar hasta ahuecar mis pechos. —¿Con cuántas mujeres te acostaste? —le pregunto. —¿Con cuántos hombres te has acostado? —replica—. No, no importa, no respondas eso. Sonrío, respondiéndole de todos modos. —¿Antes de ti? Dos. —Más de dos —me da su respuesta. —¿Hay algo que no esté haciendo que quieras hacer? —Continúo rodando sobre él, sus ojos congelados en mi culo mientras se mueve. —¿Por qué preguntas eso? —Simplemente me pregunto cómo estoy a la altura de un hombre con mucha más experiencia —le explico. Encuentra mi mirada. —Primero que nada, no es mucha más experiencia. Y, en segundo lugar, hay muchas cosas que aún no hemos hecho y que tengo la intención de hacer contigo una vez que podamos calmarnos y dejar de arrancarnos la ropa al segundo en que entro a la maldita casa después del trabajo todos los días —gruñe en broma.

  • From Birthday Girl (2018)

    Está tan callado y es tan ruidoso que está palpitando en mis oídos. Al inicio, es rápido. Envuelvo mis brazos al frente de mi cuerpo, nerviosa como si esta fuera la primera vez que me tocan. Pero entonces se hace más lento, su mano se queda en mi hombro por más tiempo y aumenta la presión mientras presiona mis curvas y pasa sus dedos por la pendiente de mi cuello, mi columna y luego mis caderas. El pulso entre mis piernas empieza a palpitar y mis parpados se agitan. Su mano llega a la piel desnuda de mi cadera, deteniéndose ahí por un momento y dejo salir el aire, tan nerviosa en este momento, pero excitada. No estoy imaginando esto. No estoy imaginado la forma en que se siente su toque. Tragando saliva, miro lentamente hacia el costado, viendo su cuerpo por encima de mi hombro y estiro mi brazo, tomando el dobladillo de mi camiseta, vacilando solo durante un momento antes de pasarla por encima de mi cabeza. Luego, rápidamente, me estiro y tomo una de las toallas limpias de las escaleras, abrazándola frente a mi cuerpo. Quiero que me vea, pero estoy tan asustada de que me aparte. Dejo caer mi camiseta empapada y me quedo ahí parada, miedo y deseo consumiendo cualquier pensamiento racional. Durante un rato, el chorro continuo de agua solo cae, excavando un agujero en el césped. Y entonces, está sobre mí. Cayendo en cascada sobre mi hombro, bajando por el filo de mi espalda, mientras su mano sigue la caída del agua, limpiando cualquier suciedad que todavía permaneciera. Cierro mis ojos, mareada. Es cálido en mi espalda y me doy cuenta que ahora está más cerca, cerniéndose por encima de mí desde atrás. Lo escucho tragar saliva. —La toalla se va a mojar —dice, su voz suena rasposa. Una sonrisa tira de mis labios, pero no la dejo mostrarse por completo. Abriendo mis ojos, alejo la toalla de mi cuerpo y la lanzo de regreso hacia las escaleras, la excitación como una corriente eléctrica bajo cada centímetro de mi piel. No recuerdo alguna vez desear tanto algo como esto. Limpia mi espalda, mis brazos y también inclina mi cabeza de lado a lado para asegurarse que no haya suciedad allí. Termino de destrenzar mi cabello y paso mis dedos por él para peinarlo, sintiendo algunos mechones húmedos revueltos con los que están secos. Quiero verlo y saber lo que está pensando, pero estoy asustada de romper el hechizo, y si lo miro, ambos podríamos ser ahuyentados. Y esto se siente tan bien. —¿Mis piernas están limpias? —pregunto por encima de mi hombro. Sé que estoy siendo malvada, pero todavía no quiero que termine. Solo toma un momento, pero entonces siento el agua golpear la parte de atrás de mis piernas, y lentamente, toma una rodilla intentado obtener un mejor punto de vista.

  • From Birthday Girl (2018)

    Y la miro mientras comienza a follarla lentamente. Sus caderas giran y su estómago se hincha dentro y fuera mientras su culo se mueve y rechina sobre la mesa, y puedo oír la fricción de la tela sobre su coño frotando contra la madera. Oh, Jesús. Mi pecho sube y baja más rápido mientras la veo hacer la cosa más hermosa que creo haber visto en mi vida. Dios, me encanta mirarla. Sus tetas se balancean con el movimiento, rebotando un poco cuando comienza a ir más fuerte, y mi boca se ha secado tanto que no puedo tragar. —¿Quieres verme hacer esto? —bromea. Sus grandes ojos me dicen que sabe muy bien que me gusta lo que estoy viendo. —Deja de bromear y ven aquí. Deja caer su cabeza hacia atrás, pasando sus dedos por su rostro y su cuerpo, ahuecando un pecho y apretándolo antes de arrastrar la mano por su estómago. —Te dije que tenía un vibrador —dice, mirándome de nuevo—. Aunque no lo uso. —Aumenta la velocidad, y puedo escuchar que la fricción se ha vuelto más fuerte—. Me gusta estar en control. Me gusta trabajar para ello, como si fuera real. Me lamo los labios. —Jordan… —Shhh... Abre la boca y gime, luego levanta una rodilla, colocándola sobre el escritorio para separar más sus piernas. El sudor me enfría la frente, y me levanto, inclinándome hacia adelante otra vez. —Me gusta que me mires —dice—. Siempre me has visto, ¿verdad? Siempre quise divertirme conmigo. Titubeo, sabiendo que lo que dice es verdad. La desee desde la primera vez que la vi. —Está bien —susurra—. Siempre lo supe, y siempre me gustó. Siga mirándome, señor Lawson. Trago saliva, mi boca todavía está seca. —Lo hago —exhalo. —Oh, Dios —gime. Mis ojos arden, y estoy desesperado por pestañear, pero no puedo apartar mi mirada de ella. Casi puedo sentirla. Como si la esquina del escritorio fueran mis dedos follándola, y su suave carne estuviera moliéndose contra mi mano. O mi jodida boca, no me importa. Nunca he estado tan celoso de un objeto inanimado. —Mueve el teléfono a la cama —le digo—. Quiero verte desde atrás. Ralentiza sus movimientos, temblando y respirando con dificultad, y puedo decir que la atrapé justo cuando estaba persiguiendo su orgasmo. Oh, bueno, tendrá que trabajar duro para recuperarlo. Llevando el teléfono a la cama, lo apoya contra algo y rápidamente mira de ida y vuelta entre la pantalla y el escritorio para asegurarse que la tenga a la vista, y luego regresa a la esquina del escritorio. Pasándose los dedos por el cabello, me mira por encima del hombro, sonriendo. Aprieto mi puño, ansioso por sentir ese culo firme.

  • From Birthday Girl (2018)

    Mira hacia adelante y se queda en silencio, pero veo su mandíbula tensa mientras mira por el parabrisas. Asumir que conozco su mente más de lo que ella lo hace probablemente sea condescendiente, pero está actuando de manera infantil, manteniendo esta pretensión. Tiene más sentido común que eso, y no me gustan los juegos. Sabe que nunca podrá tratar con esos clientes, y definitivamente no puede desnudarse y bailar desnuda. Probablemente estaría tan avergonzada de que la vieran que rompería a llorar. Sin embargo, siete minutos después, me detengo en el camino de entrada y salta antes que incluso haya apagado el motor. —¿Jordan? —llamo, abriendo mi puerta. ¿Qué demonios? No vamos a pelear de nuevo, ¿verdad? Pero mira por encima del hombro mientras camina hacia el porche. —Solo voy a entrar por mi traje de baño. Me quedo allí, girando el llavero en mi dedo. Estáaa biien. La conciencia me pincha en la nuca, y vuelvo la cabeza, buscando en el vecindario el auto de Cole o el de su madre. Luego lanzo mi mirada hacia las ventanas de las casas cercanas para ver si hay movimientos de cortinas. Estoy seguro que hay conversaciones en la cuadra ahora. La gente nota cosas, y Cole rara vez está aquí, mientras que su novia y yo estamos constantemente juntos. No tomará mucho tiempo para que las personas lleguen a sus propias conclusiones. Para cuando llego a la casa, Jordan no está por ningún lado. Subiendo las escaleras, paso la puerta cerrada de su habitación y me dirijo a la mía para ponerme unos shorts de baño. Todavía está en su habitación cuando salgo, y vuelvo a bajar para agarrar algunas botellas de agua y encender las luces del patio trasero. La piscina se ilumina, y enciendo la radio colocada debajo del gabinete. Algunos chicos cantan sobre Guys MyAge ya está sonando en la estación que Jordan tiene sintonizada. Mi teléfono suena con un timbre desconocido, camino hacia la isla y lo recojo. Jordan. ¿Por qué está llamándome por FaceTime? Contestando, la veo aparecer en la pantalla, pero me está mirando hacia abajo, como si su teléfono estuviera apoyado en algo más bajo que ella. Como su escritorio. Su cabello la cubre, y realmente no puedo ver nada más que el resplandor de la luz del techo. —¿Qué estás haciendo? —pregunto, llevando el teléfono a la sala de estar. Pero permanece en silencio. Me siento en el sofá, apoyando los codos sobre mis rodillas y observándola. Una pequeña sonrisa se dibuja en sus labios, y mueve su cabeza hacia la izquierda y luego hacia la derecha, y puedo decir que está jugando conmigo. Se pone derecha y pierdo de vista su rostro, pero su hermoso cuerpo aparece a la vista, y veo que lleva el bikini con conchas.

  • From Birthday Girl (2018)

    Ella mira entre nosotros, y sabe que algo está pasando, porque está siendo jodidamente raro ahora, pero lo maneja con clase. —Oh, no te preocupes —chilla—. Tal vez en otro momento. Le doy una sonrisa y asiento, tratando de recuperarme de mi vergüenza y agradecida cuando finalmente se mueve. Pike y yo nos quedamos allí un momento, y estoy tratando de medir cómo, si aún no hablan de nosotros, lo harán después de eso. —Señor Lawson... —Reprimo, sacudiendo la cabeza. Me giro y empiezo a caminar hacia la casa, y cuando miro hacia atrás, me está siguiendo, con los ojos fijos en mí. —La gente está mirando —le digo—. Será mejor que no me sigas. Se verá raro. Veo que sus ojos se disparan a izquierda y derecha, observando a los vecinos que trabajan en sus jardines, jugando con sus hijos afuera o sentados en sus porches. Realmente no me importa, pero sé que a él sí. Con su larga zancada, está detrás de mí en un santiamén, y siento escalofríos cuando abro la puerta apresuradamente y entro. Su cuerpo me obliga a entrar, la puerta se cierra detrás de nosotros, protegiéndonos del mundo exterior, me da la vuelta y me atrae a sus brazos. Solo tengo un momento para respirar antes que su boca esté en la mía, una de sus manos sosteniéndome la nuca y el otro brazo alrededor de mi cintura, presionándome con tanta fuerza que casi no puedo respirar. Pero Dios, no me importa. Estoy cálida y rodeada de su olor, y se siente tan ido que me lleva con él. Rodeando su cuello con mis brazos, extiendo mis piernas cuando me levanta mientras bloqueo mis tobillos detrás de su espalda. —Mierda, nena, estoy sucio —dice, todavía devorando mis labios—. Debería tomar una ducha. —Tomaremos una después —gimo, alejándome solo un poco. Me lleva a la cocina y me pone sobre la mesa. Levanto su camisa por encima de su cabeza, rompiendo el beso por solo un momento antes que nuestros brazos vuelvan a rodearnos. Se inclina hacia mí, obligándome a retroceder un poco mientras profundiza el beso. —No podía esperar para llegar a casa —susurra—. No sabes cuánto me estaba tratando de controlar hoy. —¿Cuánto? —Trabajo en su cinturón, desesperada por quitárselo. —Estaba en el peor estado de ánimo —gruñe—. No podía sacarte de mi cabeza. Todo lo que quería era esto. —Sus manos bajan por mis costillas, me empuja hacia atrás y levanta mi camisa y sostén sobre mis tetas. Caigo en la mesa y se lanza, mordiendo y lamiendo mis pezones. Cierro los ojos y gimo, retorciéndome debajo de él y arqueando mi espalda, no estoy segura si estoy tratando de acercarme a su boca, o si es demasiado para tomar. Puedo sentir sus labios hasta los pies.

  • From Birthday Girl (2018)

    Me toma un momento recordar que estábamos peleando porque April estuviera aquí. Deslizando mi mano por su camisa, tomo su pecho en mi palma, y deja escapar un pequeño grito ahogado. Gemí finalmente por tenerla en mi mano. —Lo sé —digo—. Cuando saliste de la fiesta con esa mierda esa noche, estaba tan enojado. —Muerdo su labio inferior entre besos—. Como si tuviera diecisiete años otra vez y alguien más tomara lo que era mío. Mi polla se hincha, y Dios, no puedo dejar de tocarla. Es tan malditamente hermosa. Su piel suave y cabello revuelto. El pequeño triángulo de tela roja entre sus piernas donde ya puedo ver que no mentía sobre estar excitada. Está mojada, y estoy hambriento por probarla. Otro hombre para hacer mejor mi trabajo… Patrañas. Aparto el cabello de su rostro mientras se presiona sobre mí y nos miramos a los ojos. Dice todo lo que siento y ambos estamos cayendo. Maldición. —¿Qué ves en mí, pequeña? —pregunto, sacudiendo la cabeza. No pude mantener feliz a una mujer de diecinueve años cuando yo tenía diecinueve. ¿Cree que puedo hacerlo ahora? —No tienes ni idea, ¿cierto? —Toma mi rostro, besándome—. Cuando nos conocimos y vimos esa película juntos en el teatro, me sentí tan culpable. —Me besa de nuevo—. Porque cuando mencionaste que pasarían Poltergeist, yo... me sentí tentada, porque quería verte de nuevo —confiesa—. Había algo allí incluso entonces. Me hundo en su boca, besándola larga y profundamente, mientras paso un brazo alrededor de su cuerpo y la presiono contra mí. Curvando mis dedos alrededor de la seda en su cadera, siento la necesidad de enterrarme dentro de ella en este momento. Pero no. Para ella terminaré siendo una aventura, pero me aseguraré de que sea la mejor que haya tenido. Le beso el cuello, chupando y mordisqueando todo el camino hasta su barbilla y deslizando mis pulgares sobre sus pequeños y duros pezones. —Pike —suplica—. Por favor dime que tienes condones. Asiento, volviendo a su boca. —En mi cuarto. —Más de uno, ¿verdad? Sonrío. —Sí. —Ve a buscarlos. La rodeo con mis brazos y me levanto, llevándola conmigo. —Tengo una mejor idea. Une sus tobillos detrás de mi espalda, y la llevo fuera de su habitación y por el pasillo hacia la mía. Necesitamos una cama más grande. No deja de besarme todo el tiempo, y casi cierro los ojos de placer, porque no creo que alguna vez me haya sentido tan bien. Me va a arruinar tanto que nadie más lo hará nunca más. Entramos a mi habitación, pateo la puerta detrás de nosotros, y la dejo en la cama. Pero cuando me alejo de ella y me levanto, protesta. —No… Retrocedo hacia la puerta, mirándola —finalmente teniéndola en mi cama— y siento que acabo de ganar la puta lotería.

  • From Birthday Girl (2018)

    Me siento en el asiento y me quito las botas embarradas, tirándolas en la cama de la camioneta con la camiseta de Pike, y me quito mi gorra, mi cabello cayendo alrededor de mi rostro. —Sabes... —empiezo—. Estoy un poco nerviosa. —¿Oh? Niego, chasqueando la lengua. —Casarme con un hombre mayor con mucha más experiencia... Se acerca a mí, agarrando mis caderas y tirando de mí al borde del asiento y hacia él. Paso mi mano por su pecho desnudo. —No necesito que mi esposa sepa lo que les gusta a otros hombres —declara— . Solo lo que me gusta. Mis cejas se alzan, teniendo una idea. Lentamente, desabotono la camisa de franela que llevo y veo sus ojos ensancharse cuando ve que no llevo nada debajo. La abro ligeramente, invitando a sus ojos a posarse en mis pechos desnudos. —¿Y qué te gusta? —lo provoco como esa noche en la cocina cuando le puse una tirita en el dedo. Su mirada está posada en mi pecho y dejo que la camisa caiga por mis brazos, mis pezones están duros por el frío de la lluvia en el aire. Dejo caer mi voz a un susurro. —Creo que necesito más práctica. Sus ojos se oscurecen y se llenan de deseo mientras me mira. Impulsándose en el escalón, entra en la camioneta y fuera de la lluvia, bajando su cuerpo sobre el mío. Caigo hacia atrás en el asiento, abriendo mis piernas para él mientras trabajo en desabrochar su cinturón. Nuestros labios se ciernen sobre los del otro. —Lo que sea que la cumpleañera quiera —susurra.

  • From Memoirs of Fanny Hill (1749)

    Phœbe, who had more experience, and to whom such sights were not so new, could not however, be unmoved at so warm a scene; and drawing me away softly from the peeping hole, for fear of being overheard, guided me as the door as possible, all passive and obedient to her least signals. Here was no room either to sit or lie, but making me stand with my back towards the door, she lifted up my petticoats, and with her busy fingers fell to visit and explore that part of me, where I was perfectly sick and ready to die with desire; that the bare touch of her finger, in that critical place, had the effect of a fire to a train, and her hand instantly made her sensible to what a pitch I was wound up, and melted by the sight she had thus procured me. Satisfied then with her success, in allaying a heat that would have made me impatient of seeing the continuation of the transactions between our amourous couple, she brought me again to the crevice, so favourable to our curiosity. We had certainly been but a few instants away from it, and yet on our return we saw everything in good forwardness for recommencing the tender hostilities. The young foreigner was sitting down, fronting us, on the coach, with Polly upon one knee, who had her arms round his neck, whilst the extreme whiteness of her skin was not undelightfully contrasted by the smooth glossy brown of her lover’s. But who could count the fierce, unnumbered kisses given and taken? In which I could often discover their mouths were double tongued, and seemed to favour the mutual insertion with the greatest gust and delight. In the meantime, his red-headed champion, that had so lately fled the pit, quelled and abashed, was now recovered to the top of his condition, perked and crested up between Polly’s thighs, who was not wanting, on her part, to coax and keep it in good humour, stroking it, with her head down, and receiving even its velvet tip between the lips of not its proper mouth: whether it was to render it more glib and easy of entrance, I could not tell; but it had such an effect, that the young gentleman seemed by his eyes, that sparkled with more excited lustre, and his inflamed countenance, to receive increase of pleasure. He got up, and taking Polly in his arms, embraced her, and said something too softly for me to hear, leading her withal to the foot of the couch, and taking delight to slap her thighs and posteriors with that stiff sinew of his, which hit them with a spring that he gave it with his hand, and made them resound again, but her about as much as he meant to hurt her, for she seemed to have as frolic a taste as himself.

  • From City of Night (1963)

    And nightly a game of charades is played at Harry’s. Unlike the ones who haunt the streets, even the most masculine scores here usually—but not always—become effeminate in groups, their gestures progressively more airy as the night advances toward the desperation of after-midnight; as the liquor releases the feminine self. And the hustler emphasizes his masculinity in one of various poses—one leg propped against the wall; cigarette held between thumb and finger—eyes veiledly following a likely prospect: the rehearsed, inviting Tough Look.... Bodies sprawl on the benches along the booths. There is the swaggering unceasing exodus to the smelly toilet at the end of the long bar—a gaping toothless mouth.... An air of determination is in every gesture here, in every look, every move. People come to Harry’s primarily for one of two purposes: to buy or to be bought. Occasionally the femmequeens from the 1-2-3 or Ji-Ji’s breeze in like wilted flowers, carried on the currents of smoke: giggling, regally scanning the bar—making studied defiant exits with great airs, grand queenly shrieks of exiled laughter. And they indicate a kind of contempt for those other men in the bar who only desire other males, without posing, as far as the law allows them, as real women the way the queens do.... The skinny man has been raking the bar, putting everyone down with a bitchy comment. Defensively, he must reject this alluring, disturbing world to which the fatman is connivingly exposing him. “My God!” the skinny man says, “look at that one—his pants are about to fall off his waist!... And there goes that one to the restroom again!”... Suddenly, his eyes abruptly stopping their swirl about the bar, he blurted unexpectedly, as if his thoughts had pushed the words out without his control: “I like that one!” He points with his cigarette holder at Skipper, who is standing by the jukebox while obviously avoiding buying his own drink. The fatman slapped his forehead in affected amazement, and in a highpitched, incongruous voice shrieked: “Oh, no, Mary, you cant mean that one!” His blubbery lips envelop the stub of the cigar, almost swallowing it. “You dont mean the one in the black T-shirt!” “Yes, I do mean the blond one,” said the skinny one, having gone this far. Then he said to the fatman: “And dont call me ‘Mary’.” Skipper, aware of the skinny man’s interest, brings his hands together, fingers intertwined, and flexes his body slowly. The light from the jukebox weaves colors sinuously on him—and from the distance he looks like a very youngman, a boy.... “Honey,” the fatman was going on, addressing the skinny one, who still holds the cigarette aimed at Skipper as if it were a magic wand thai would bring him over, “I could have had him when he was Young and Pretty!”

  • From City of Night (1963)

    — and it is, because now Im in Echo Park, where a queen, camping by the head, calls out, “Hi babe — welcome to Jenny’s tearoom — and, you understand, Im Jenny, and this is my tearoom” — indicating the head (across the street from Aimee Semple McPherson’s Temple of appropriately Brotherly Love); going on: “I come here, oh, every day,” brazenly, “And I run away all those other hungry nelly queens first so I can have my pick of the cute tricks — and so, sweetie-love, if youve got A Mind To, would you join me in my tearoom for a few happy Wholesome moments?” — and soon after (mornings afternoons, nights fusing into a boundary-less existence) Im sitting in the balcony of a moviehouse in Hollywood — waiting purposely for someone to come on, turning him off to replace him with someone else — needfully adding numbers; and I leave the theater — alone — going back to that rented room in fulfilled — but only momentarily fulfilled — Awareness; and I meet a youngman, high on grass, and we drive to the hills, where the houses being built are mere skeleton frames against the grayish ghost-moon, where we turn on, smoking under the oppressive sky, and he comes on right there while I smoke looking at the stars, so few that I begin to count them — no longer looking at those stars now at a party that lasts two smoky nights, where I get so drunk I forget who I came here with, where I wake in a rumpled room, with people sleeping on chairs — and a pale wide-eyed, opportunistic, up-two-nights-in-a-row queen is saying to me almost worriedly: “You feel better now, honey?” — and I wonder what Ive said or done — but I no longer wonder when, only minutes later (or so it seemed — but it could have been hours), Im on Mulholland Drive in the parked car of a man just met: cramped in the car by the edge of a cliff overlooking the city — and another scene follows that rapidly, this time at Westlake, where two anxious fairies cruise me — one coming up saying hurriedly, “Right here — behind those trees — my “sister” will watch out for us” — and the sexnoises are stifled by the sounds of the ducks nearby shivering out of the lake-water, sounds of cars rushing along Wilshire — the park so dark, so dark, so dark, under now a starless night — that starless heaven soon replaced by the smoke-hugging ceiling in the bar where Im with a man Ive just scored from, where another score, with a youngman, talks to the man Im with about exchanging partners, and we all four go — and now coming out of a theater (the dungeon sex-head where they exchange partners, too), Im stopped by a man whos followed me and offers me “ten bills for just a few minutes — just a short time” — and I feel depressed, and I put him down, regretting it lonesomely as I go home and try to sleep and feel the Terror like a heavy blanket smothering me; but soon — and it's an afternoon — Im hitchhiking again on Sunset (not going anywhere — or, rather, going anywhere!), picked up this time by a very young fairy, with whom — because, he explains, he has A Jealous Lover — I go, instead, to the house of a friend of his — who surprisingly turns out to be a dark girl with gobbling eyes: the three of us making it, the nympho coming on like a starved fairy but not wanting to be screwed: and Im wondering why as I ride in a car with three men who will soon now come on, and I will feel hugely excited and momentarily surfeited, to be, oneway, the object of their desire — but surfeited, again, only for those few moments; and out on the streets to add more numbers, I get stopped, instead, by two cops — one frisking me Intimately against the car with the red light like an angry science-fiction eye; frisking me, his hands sliding between my legs, and I say, high on Sex: “Are you getting your kicks?” — which gets met aken to the station — not booked but fingerprinted illegally — and the cop, searching records to find a suspect who fits my description, says I gave him a fuck-you finger as he passed in His Car (which is not true), causing the detective there (more cool than most and not too fond of the paranoic cop anyway ...

  • From City of Night (1963)

    He was still staring into the park. “Huh?” he said. “Man—” he starts. “Well, man—” And then, as he turned toward me briefly, the hat pushed back to get whatever still lingered of the smoggy sun, I saw the familiar smile gracing his face radiantly.... Had he even understood my question? I wondered, as, following his gaze, I realized why he is staring intently into the park.... Alone, about 17 or 18 years old—buttocks firm and saucy sculptured by a tight black skirt—her face heavily painted but still that of a very young girl—coy, a flirt, aware of her attractiveness—a cute young girl is walking in our direction, through the park.... And as she passes us now, she smiles. She walks to the water faucet, bends over to drink, staying there very long, casting surreptitious glances in our direction—exhibiting her little butt, stuck out toward us. Now, shaking her hair, which is vibrantly red and long to her shoulders, she stands by the faucet, waiting in posed bewilderment as if wondering where she will go next. “Hoddawg?” Chuck said, jumping off the railing in a sudden burst of energy. “Dig the smart little butt on that chick, man!” And pushing his widehat rakishly to one side of his head, he began to walk toward her, where she is now making her way slowly through the less-thick part of the park. And afterwards—? Suddenly the question I had asked made no difference. A short distance away, Chuck turned back to look at me, pushed the hat momentarily back on his head, and his mouth formed the word again: “Hoddawg!” He winked broadly—and then in a genuine cowboy gait, he swaggered toward the girl, who, aware now that he was coming after her, wiggled her butt cutely. CITY OF NIGHT AMONG THE BANDS OF MALEHUSTLERS that hang out in downtown Los Angeles, there are often a few stray girls: They are quite young, usually prematurely hardened, toughlooking even when theyre pretty. They know all about the youngmen they make it with and sometimes live with: that those youngmen hustle and clip other males. And aware of this, they dont seem to care. Occasionally, one of those girls will go into the park with a malehustler, sitting there until he will maybe spot a score; and then, as if by tacit agreement, theyll split: the youngman going off with the score, the girl back to Hooper’s coffee-and-donuts, where, in the afternoons at that time, they usually hung out.

  • From Birthday Girl (2018)

    La dualidad de su traje de baño tiene a mi cerebro dando vueltas retorciéndose más y más, y estoy tan confundido. Usa negro en la parte inferior. Adulto, sexy y hermoso contra su piel bronceada. Y rosa en la parte superior. Inocente, dulce y enteramente Jordan, porque puede ser tan femenina. Sus tonificados y suaves muslos, y la expresión linda y estudiosa en su rostro mientras frunce el ceño y se concentra en su tarea. Todo sobre ella es joven. Excepto sus ojos. Unos ojos que pueden ser tan pacientes, porque ha tenido años de práctica siendo decepcionada, pero unos ojos que también pueden estar enojados, porque sabes que la mierda ha estado golpeando al ventilador en su vida desde el primer día y no ha disminuido un poco. Puedes ver su cerebro trabajando con cada decisión y cada interacción, porque ahora es tan buena para evaluar las consecuencias y el peligro que ahora se ha convertido en una segunda naturaleza. Sabe que el tiempo siempre pasa y su día llegará. Solo hay que esperar. Tiene la piel suave y el cuerpo de una mujer joven, pero los ojos de alguien que ha visto décadas. Mis ojos se deslizan hacia su boca, recordando la sensación de sus besos, y otra ráfaga de calor cubre mi pecho justo debajo de mi piel. Me alejo, deslizando mi mano por mi cabello mojado. No fue un golpe de suerte. La deseo. Me encanta su olor en la casa, la forma en que se sienta a mi lado, aquí o en el cine esa primera noche, tan fácil y cómodamente como si fuéramos dos guisantes en una puta vainita, y cómo me emociono al despertar todos los días sabiendo que puedo verla. —Jesucristo —digo en voz baja. Estoy teniendo mi primer enamoramiento en veinte años. —¿Qué? —La escucho preguntar. Alzo mi cabeza, girando es su dirección. ¿Lo dije en voz alta? —Nada —respondo rápidamente. Me mira mientras vacía la última pistola, y saco los flotadores de la piscina y los arrojo sobre la cubierta para evadir sus ojos. Quiero más de lo que sucedió la noche anterior, y no sé qué voy a hacer. Un teléfono comienza a sonar en la mesa de picnic otra vez, y miro hacia ella. —Tu teléfono está sonando de nuevo. Asiente, frunciendo levemente el ceño. —Sí, sé quién es. Mis cejas se elevan un poco. ¿A quién está tratando de evitar? El teléfono había sonado varias veces desde que había estado en casa y, que yo sepa, no había respondido. Me echa un vistazo, sin duda viéndome observarla con una mirada inquisitiva. Solo se ríe para sí misma y explica: —Los muchachos de la ciudad creen que soy fácil de seducir ahora que Cole y yo hemos terminado. —Desliza sus dedos por su cabello, dejando los mechones húmedos—. Están abalanzándose para consolarme. Dice lo último con comillas en el aire, y mi armadura se endurece al instante como el acero. ¿Consolarla?

In behavioral science